Jueves, 10 de Mayo de 2012
y 4) Ansiedades
SERIE "¿CÓMO PRODUCIR...?" (FINAL)
Para R.
Instrucciones para fabricar ansiosos/as
1. Maltrata a tu hijo/a por los procedimientos habituales (citados ya en otros capítulos de la serie "¿Cómo producir...?").
2. Prohíbele, muy especialmente, que exprese sus quejas, emociones y sentimientos.
3. Ahora convéncelo de que "todo va bien". Sugestiónalo durante años con fantasías del tipo: "nadie te quiere más que yo", "si ya lo tienes todo en la vida", "todo son exageraciones tuyas", "no seas así", "¡contrólate!", etc. La clave absoluta es un buen lavado de cerebro.
4. Ok, ¡ya tienes a tu ansioso/a! Una magnífica olla a presión... sin válvula de escape. Un amasijo de emociones inconscientes y, por tanto, una erupción de síntomas insoportables para el propio individuo y también para su entorno: obsesiones, fobias, angustias, malestares físicos de todo tipo, hipocondrías...
5. Como siempre, jamás hagas preguntas y convéncelo -te será fácil- de que está "enfermo". Entonces ya sabes: terapias, control de síntomas, pastillas... Asegúrate de que la olla a presión siga siempre bien sellada y el fuego encendido... Y ya está. ¡Buen trabajo!
Sábado, 05 de Mayo de 2012
Equilibrium (Kurt Wimmer, 2002)
El género de ciencia ficción es uno de los últimos reductos de la reflexión filosófica y política. A menudo esta reflexión es extremadamente pesimista, como vemos en las famosas
distopías 1984 (Orwell),
Un mundo feliz (Huxley),
Farenheit 451 (Bradbury),
Matrix-1 (Hnos. Wachowski), etc. Todas ellas ven un futuro devastado por los totalitarismo más terroríficos. Como esa otra historia que he revisado hace poco,
Equilibrium (¡gracias, A. M.!), que muestra una tiranía que, achacando todo mal a las emociones humanas, persigue éstas con inusitada violencia y con ayuda de una insensibilizadora droga social llamada
prozium (¿os suena?). En todas estas visiones, sólo una sociedad de zombies puede ser "pacífica". Y, mejor aún, una sociedad
desalmada, sin sentimientos.
(Seguir...)
Sábado, 28 de Abril de 2012

Una paciente me preguntaba el otro día: "¿Por qué todos los psicólogos, libros de autoayuda y demás hablan de perdonar, menos tú?". Yo le dije: "Bueno, también está Alice Miller..." Ella replicó: "Vale, Alice Miller, Olga y tú...". Me sentí por un momento un loco contra corriente pues, en efecto, conozco a escasísismos terapeutas que no prediquen el perdón. Le argumenté que la mayoría de terapeutas confunden la psicología con la moralidad (la obligación de adaptarse a las reglas), con el tabú del Cuarto Mandamiento (la última revolución pendiente), etc. Pero, como el tema es interesantísimo, lo desarrollaré un poco más aquí. (¡Para ti, querida C.! ).
(Seguir...)
Miércoles, 25 de Abril de 2012
Instrucciones para fabricar depresivos/as
1. Tortura a tu hijo/a con el muy sutil método de la gelidez emocional. Ocúpate exclusivamente de sus necesidades físicas y de tus obligaciones legales (comida, ropa, médicos); nada más. Opcionalmente, añade también algunos malos tratos convencionales (agresión, desprecio, castración...).
2. Más adelante, sigue cultivando tu frialdad y tu indiferencia. Jamás te interesen sus cosas. Déjale hacer. (Y seguramente hará mucho, para huir del vacío y la tristeza que has troquelado en su corazón).
3. Tarde o temprano, algo saldrá mal. Fallará lo que sea. Sufrirá un gran disgusto. Y su alma debilitada, sin fuerza alguna para soportarlo, "caerá en la depresión".
4. Excelente. Ahora repítele hasta el cansancio que "debería animarse", "debería ser más fuerte", "debería pasar página", "lo pasado ya pasó" y otras bobadas semejantes. Cuanto más se lo repitas -y por ello más se lo repita a sí mismo-, tanto más incomprendido, solo y despreciable se sentirá, y más honda y prolongada será su tristeza.
5. Obviamente, jamás te importe su soledad de fondo. No preguntes, no quieras saber, no escuches nunca. Limítate a dar vanos consejos. Te resultará muy fácil hacerlo, pues te aterran tus propios fantasmas y por eso no soportas el dolor ajeno.
6. Se acabó: ¡llámalo "enfermedad"! Llegó la hora del psicólogo (1), el psiquiatra, las pastillas de colores... Y no te sorprendas, entonces, si la depresión del sujeto dura años.
7. Y si afortunadamente levanta cabeza, déjalo estrellarse unas cuantas veces más: matrimonio infeliz, problemas laborales, falta de amigos, sinsentido existencial, neurosis típica, ruina económica, enfermedad crónica... Proporciónale el mundo más alienado, injusto y cruel que puedas darle. Amarga sin tregua su corazón... Y alármate entonces por el "avance imparable" de la depresión en el mundo.
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1. Si tu hijo es adolescente, ni siquiera hace falta que el psicólogo sea humano: para terapias cognitivo-conductuales, ¡basta un videojuego [fuente]! Nada como las máquinas muertas para solucionar el sufrimiento y la soledad de los vivos. (Ver comentario).
Viernes, 20 de Abril de 2012
Por Olga Pujadas
Tras un mes como coautora de este blog, José Luis y yo hemos descubierto que, pese a nuestra buena intención, el resultado no nos convence. Nuestra creatividad, en vez de potenciarse entre sí, tiende a limitarse... Es como escuchar dos canciones a la vez. Por eso hemos decidido cultivar dos espacios distintos. Uno, este blog, que vuelve a ser de JLC y donde yo seguiré naturalmente comentando. Y otro, mi propio blog personal, donde he reunido todos mis escritos hasta el momento. Podéis verlo aquí:
Empatía y Libertad
¡Espero encontraros pronto en él, y que os guste! Creemos que esta decisión aportará mucha más personalidad a ambos espacios.
Un beso a todos, bloguer@s ,
Olga
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De José Luis:
Ciertamente, a veces es mejor volar en la libertad e intimidad de un cielo abierto... Podéis siempre acceder al blog de Olga a través del menú superior (opción "Blogs"), o del blogroll lateral. Allí comentaré yo también. ¡Esperamos que sigáis disfrutando de ambos espacios!
Un saludo a todos/as.
Lunes, 16 de Abril de 2012
Instrucciones para fabricar fóbicos/as sociales
1. Proporciona al niño/a unos padres completamente fríos, críticos o agresivos, induciéndole con ello un temor crónico durante años.
2. En la necesariamente insegura etapa escolar que seguirá, permanece indiferente a los problemas, desprecios y agresiones que sufrirá. Así el niño, tras aprender que las personas no son fiables, se sentirá definitivamente atemorizado en todas partes.
3. En su etapa juvenil, ignora por completo sus dolorosas frustraciones (repeticiones de curso, burlas y traiciones de amigos y parientes, rechazo de l@s chic@s , problemas laborales...). Y, naturalmente, rechaza con virulencia todos los refugios donde el solitario joven pueda esconderse (drogas, masturbación, indolencia, abatimiento, agresividad, videojuegos, internet...).
4. Ahora que el sujeto se siente perfectamente aislado y desamparado, repítele sin descanso que su horror a la gente "no es normal". Que "debería relacionarse más". Que "ya está bien de perder el tiempo en su habitación"... O llévalo de la oreja al psiquiatra.
5. Si logras convencerlo de que sufre un "trastorno" totalmente ajeno a tus manipulaciones, y que debe superarlo por su propia cuenta y sin tu ayuda -ni la de nadie-, ¡habrás logrado una obra maestra!
Martes, 10 de Abril de 2012
Por Olga Pujadas
Aunque es conocido el maltrato al que se ven sometidos los homosexuales de muchos países, hay casos que son espeluznantes. Me refiero al reciente asesinato en Chile de Daniel Zamudio, un chico de 25 años al que torturaron durante horas. Las consecuencias: graves heridas en el cráneo, piernas rotas, quemaduras, cortes, daño neurológico severo, hospitalización... y muerte.
La homofobia fue descrita por primera vez en 1971 por el psicólogo estadounidense George Weinberg:
"Homofobia es simplemente eso: una fobia. Un temor que provoca un comportamiento irracional de huida o el deseo de destruir el estímulo de la fobia o cualquier cosa que lo recuerde".
Amnistía Internacional denunció el pasado año que los actos homosexuales aún son considerados ilegales en 76 países, donde se condenan con prisión o castigo físico. Además, en 5 de ellos (Arabia Saudí, Irán, Mauritania, Sudán y Yemen) y en algunas regiones de Nigeria y Somalia, son castigados con pena de muerte.
Son, por tanto, millones de personas las que no pueden, por ley, ideología, moral o religión, reconocer y practicar su homosexualidad. Muchas de ellas necesitan, entonces, proyectar su angustia sobre otros en forma de aversión, desprecio, odio y acusaciones. Éste es uno de los motivos de los continuos ataques hacia los homosexuales que se atreven a mostrarse como son. Las sociedades que con más vehemencia condenan la homosexualidad son, en mi opinión, no sólo las culturalmente más "medievales", sino aquellas en que la homosexualidad latente está más extendida. Y la necesidad de afirmación psicológica y política de ciertos grupos no contribuye a paliar el problema.
Hace poco me escribió un chico que había sufrido abuso homosexual continuado en su infancia, y que ahora tenía que soportar todo tipo de comentarios porque, a sus 25 años, nunca había tenido novia. A diario se veía obligado a disimular su deseo por los hombres, y el miedo y soledad que sentía por ello. Me confesó que, si no lograba mantener relaciones con una mujer, renunciaría para siempre al sexo. La homosexualidad era para él algo inmoral, repugnante, impensable, lo mismo que para el hombre que abusó de él, y que formaba parte de su familia...
Pero las personas no podemos vivir aisladas, fingiendo, huyendo, negando nuestros deseos más íntimos, sin pagar un alto precio psíquico y vital. Si nuestro entorno es hostil a la homosexualidad, será muy difícil que lleguemos a comprender y aceptar este tipo de psicodinámicas. No cabe la felicidad si el individuo está solo y sin posibilidades de expresión y afecto.
Me encuentro solitario cuando busco una mano y sólo encuentro puños.
Ralph Bunche
Las antipatías violentas son siempre sospechosas y revelan una secreta afinidad.
William Hazlitt
Miércoles, 04 de Abril de 2012
Para A.

Y dijo la tortuga al pajarito:
- Estás enfermo, sólo piensas en volar...
- ¿Por qué me aplastas con tu caparazón? -replicó el pajarito.
- ¡Sigues obsesionado! Siempre pensando en lo mismo...
- ¿Por qué me aplastas con tu caparazón? -insistió el pajarito.
- ¿Lo ves? ¡Siempre igual, no puedo más! ¡No soy feliz por tu culpa! Y además me has picado en un ojo... ¡Eres muy, muy malo!
- ¿Por qué me aplastas con tu caparazón? -lloró desconsolada el ave.
Y entonces la tortuga gritó:
- ¡Porque me da miedo la altura!