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12 Enero 2015

Carta de un hij@ a sus padres

Por JOSÉ LUIS CANO GIL

Cuando no existe armonía entre los seis parientes,
se necesita la piedad filial y el amor paternal.
Tao Te King, 18

Hay en internet una "Carta de una madre a su hija", no sé si real o literario-pedagógica, que emociona a mucha gente pero a mí me parece un resumen de la patología de muchas madres (y padres) hacia sus hijos/as. Es un escrito algo cursi y sentimental que, disfrazado de "amor", manipula sutilmente los sentimientos de culpa del lector, promoviendo así relaciones pseudoamorosas basadas en la hipocresía y la neurosis. Por su gran interés psicodinámico, me permito analizarlo brevemente aquí (remarcaré en colores algunas palabras para referirme a ellas después), como introducción a una "Carta Alternativa" que propondré al final. Quiero subrrayar que mis comentarios aludirán exclusivamente a la madre que figura en el texto, y de ningún modo al desconocido autor/a de la carta.

CARTA DE UNA MADRE A SU HIJA

Mi querida hija,

El día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme

Si cuando hablamos repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste”, solamente escúchame por favor. Y recuerda los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida.

Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña.

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no pongas esos ojos ni esas caras de desesperada. Recuerda hija mía, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y cómo confrontar y lidiar con la vida.

El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme.

Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y, si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches.

Y cuando mis cansadas y viejas piernas no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos. 

Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. 

Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.

Mamá

Análisis:

1. Confesión de un fracaso. La carta es, obviamente, un pliego de peticiones de la madre para su vejez. Ahora bien, es muy significativo el hecho mismo de que la escriba. Todos los hijos bien amados  saben ofrecer a su tiempo, con naturalidad y gratitud, las amorosas ayudas que sus padres ancianos necesitan. En realidad, como dicho amor forma parte de la familia como una atmósfera invisible, no es necesario pedir lo que siempre estuvo ahí. El mero hecho de "reclamarlo" es, pues, una evidencia de que no hay amor suficiente. De que algo ha fallado en la crianza. Y la carta es, por tanto, la confesión de un fracaso... y de un gran miedo a las consecuencias.

2. Negocio fraudulento. La madre reitera hasta 6 veces (en rojo) sus necesidades afectivas de ser "escuchada, entendida, ser cuidada con paciencia", etc. Ahora bien, para justificar su demanda, no ofrece méritos igualmente afectivos, sino exclusivamente prácticos, educativos (en azul): "leer cuentos, bañar, enseñar a comer, a vestir, peinarse, lidiar con la vida...". Cosas que no demuestran necesariamente ningún afecto o empatía, pues muchas madres (y padres) las realizan desde la obligación, la culpa o la rutina y mediante imposiciones, castigos, etc. Por eso los cuidados prácticos no generan por sí mismos amor alguno en los hijos, ni "compran" sus amores futuros. El amor sólo puede obtenerse con amor, y en la familia, más que en ninguna otra parte, sólo podemos recoger los frutos que previamente hemos sembrado. El trueque que propone la madre es, pues, ingenuo y tramposo.

3. ¿Vínculo patológico? ¿Por qué esta madre se dirige a una hija? ¿Es acaso la única que tiene? ¿O se refiere quizá a su favorita, o -metafóricamente- a cualquiera de ellas? ¿No tiene hijos varones y, si los tiene, por qué los excluye? El hecho de que esta carta se refiera específicamente a otra mujer nos recuerda demasiado al vínculo patológico que muchas madres (por distintas razones neuróticas, narcisistas, homosexuales...) establecen con algunas hijas. Relaciones básicamente de vampirización. ¿Qué trastornos emocionales no sufren, en efecto, las mujeres sometidas al yugo abrumador de sus madres tóxicas?

4. Disfunciones maternas. La mujer examinada indica claramente (en verde) que "lo más importante para mí es estar contigo" y, luego, "que estés conmigo". Esto choca con el deseo fundamental de una buena madre (o padre) que, como hemos visto muchas veces en estos artículos, no debería ser aferrarse a sus hijos sino, tras haberlos criado con amor, emanciparse sanamente de ellos. La madre (o padre) que usa explícitamente al hijo/a como "bastón" en su vejez suele ser una madre (o padre) que renunció neuróticamente a otros soportes naturales (p.ej., pareja, familiares, amistades, aficiones, proyectos, distracciones...), abusando, por tanto, cómoda y egoístamente del hijo/a, a menudo como hizo siempre y con gran sufrimiento de la víctima. En este sentido, la obligada benevolencia sociocultural hacia los ancianos no es sino una prolongación del Cuarto Mandamiento. Pero no nos engañemos: ni todos los ancianos son "inocentes"; ni su edad los absuelve de sus eventuales crímenes anteriores; ni cabe esperar, por tanto, cuidados realmente amorosos por parte de los hijos desamados, sino sólo acciones nacidas del sentimiento de culpa o del deber moral o legal.

La madre de la carta, en defensa de sus ruegos, presenta su argumentación final (en verde): "Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida que tuvimos la dicha de compartir juntas [...] Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija". Aquí sentimos cierta exageración o idealización de la relación madre-hija, y la madre insiste además hasta 5 veces en su supuesto amor ("cariño, dicha,  inmenso amor, te amo, querida"). Esto suena sospechoso y no demuestra necesariamente nada. El amor, sobre todo en la familia, no se mide por lo que uno cree o dice que ama, ni siquiera por lo que parece que "hace" por amor, etc.,  sino por lo que el otro/a siente que recibe. Los niños, por ejemplo, captan muy bien si hay o no hay amor (respeto, empatía, cariño, paciencia) bajo las ruidosas apariencias de los adultos. Y esta madre, con su innecesaria reiteración verbal, parece más bien que (inconscientemente) está intentando engañar a su hija.

Conclusiones:

Como decíamos antes, la carta parece la declaración de una madre que sabe inconscientemente que no hay amor en su familia, tiene por tanto miedo al futuro y pide/ordena amor a su hija, siempre desde la misma neurosis ciega que causó tal desamor. Si, por el contrario, sí hubiese existido amor familiar desde un principio, éste fluiría espontánea y silenciosamente en todas direcciones, sin necesidad alguna de hablarlo, pedirlo, fingirlo ni idealizarlo. Igual que crecen las flores y los árboles.

***

He aquí, en fin, en fuerte contraste con lo anterior, una posible Carta Alternativa:

CARTA DE UN HIJ@ A SUS PADRES

Queridos papás,

Os pido, por favor, que como yo no elegí nacer, al menos vosotros sí tengáis muy claro que quisísteis tenerme, para que después no me rechacéis ni me hagáis daño.

Os pido que os informéis muy bien de lo que los niños necesitamos, sobre todo en el alma. Porque si no me destruiréis para siempre.

Os pido que, antes de cuidar de mí, curéis vuestras propias heridas, pues los papás infantiles me dan mucho miedo. 

Os pido ser lo más importante en vuestras vidas, y no un adorno, ni un juguete, ni una molestia, ni un negocio...

Os pido alegría, dedicación, cariño, juego, consuelo, ejemplo, guía... ¡Si no me moriré por dentro!

Os pido que aprendáis a amar para que yo aprenda a amarme. Y a amaros.

Os pido que no me tratéis como a un incapaz. Enseñadme poco a poco a frustrarme, a conocer el dolor, a soportar mis heridas... Con vuestro amor podré hacerlo.

Os pido que me enseñéis muchas cosas, pero no dogmas. Que me enseñéis a aprender, indagar, pensar, cambiar de ideas...

Os pido que me habléis de personas y deberes, pero también de la libertad, la Naturaleza, la belleza, las artes, los valores, el altruismo, la sabiduría...

Os pido que, al crecer, me dejéis volar, vivir mi propia vida. Lleno de amor, volveré siempre a vosotros. Pero mi vida no será vuestra.

Ojalá me entendáis, papás, porque entonces ¡nuestro amor será maravilloso! Y seremos una gotita de luz en el mundo.

Vuestro hijo/a.

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8 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 Deva  16/Diciembre/2015 21:30
Habia visto esa carta en Internet muchas veces. Me sentía fatal, porque mi relación con mi madre ha sido abusiva y un completo infierno. El analisis es sublime.   Resp.
 Miriam  30/Diciembre/2015 19:49
Cuando la leí por primera vez pensé en hacer tambien una crítica pero se me produjo un efecto embudo en el cerebro y no conseguí sacar nada. Yo nunca lo habría conseguido expresar tan claro. Un abrazo Jose Luis y gracias por tu labor.   Resp.
 Yan  31/Diciembre/2015 20:22
Esa carta mis papás la imprimieron y cuando tuvieron oportunidad me la leyeron enfrente de mis hijos, que ni ponían atención porque se la pasaron jugando. Cuando terminaron de leerla mi papá pidió mi opinión y lo único que les dije "esta bonita", no me iba a poner a discutir con ellos el porqué me parecía un chantaje. Me saltó a la vista que ellos dan por hecho que yo los voy a abandonar por eso piden o reclaman. Creo que después de asentar que los voy a abandonar, lo mejor hubiera sido que se acercaran a mí, a preguntarme o indagar si su opinión es cierta, conocer que pienso de ellos, de su vejez y qué siento al respecto. Ahí es precisamente donde se reitera por enésima vez su falta de empatía, su falta de interés en conocerme, de acercarse emocionalmente y su miedo a encontrar, al acercarse a nosotros sus hijos, el eco de sus abusos y abandono.
Por su puesto que los cuidaría pero poniéndoles límites muy altos a su toxicidad, eso implica que a los ojos de otros me vea como sólo una proveedora fría y distante porque no encaja en el cliché de venerar a los ancianos.
Cómo veo la vejez de mis padres?, me parece normal que pierdan sus capacidades, no me generan lástima pero si me dan ganas de protegerlos (de hacerles de comer, de acomodar sus espacios para que no corran riesgos) y en los brevísimos momentos en que no son tóxicos me dan ternura, me dan ganas de abrazarlos, todavía.   Resp.
 Deva  01/Enero/2016 13:49
"¿Como veo la vejez de mis padres?"....Uff...Yan, yo ni siquiera puedo pensar en ello, es como si mi cerebro rapidamente se fuera a otra cosa. No me imagino cuidando a mis padres, cuando ni siquiera soporto el contacto fisico con ellos. Sé que no podria verlos en la calle pasando necesidades, pero tanto como ocuparme fisicamente de ellos, creo que me hundiria.   Resp.
 Challo  01/Febrero/2017 18:09
Mi entorno familiar fue muy violento y agresivo. Especialmente mi madre descargó toda su frustración sobre mi, fue muy abusiva verbal y físicamente. Mi anhelo de niña era crecer y huir de casa; lo hice cuando tuve 17 años. El rencor interno se trasladó a mi cuerpo creando una artritis psoriasica a los 23 años. Mi visión del mundo era de falta de significado y desprecio por esta vida. La desvalorización y mi sentimiento de insignificancia hizo que no supiera relacionarme adecuadamente, por lo que me involucraba solo con hombres comprometidos. Con uno de ellos tuve a mi único hijo, él despertó en mí sentimientos amorosos, afán de desarrollo y superación interna. En lo académico ya tenía un título universitario. Convertirme en madre cambió mi visión del mundo; me dio la fuerza para querer entender la enfermedad mental de mi madre, la adicción a la infelicidad de mis padres...y de todos mis ancestros. Emprendí el camino de la autorrealización, estudiando psicología (tengo una maestría en psicología clínica); psicología transpersonal; Mindfulness; UCDM, etc. Ahora soy, para mi misma, la madre y el padre que necesitaba, siento amor por mí y por el mundo, y obviamente por mi madre: una mujer maravillosa que hizo como madre lo que pudo, que dio lo que su mente, atrofiada por el abuso sexual de su padre alcohólico, creyó que era amor.
Se ha cerrado un ciclo de culpa y condena. El deseo de hacerlo, lo ha hecho posible. Ha triunfado el amor.   Resp.
 Gloria  12/Julio/2017 20:08
En mi opinión la buena madre da y la mala pide.Así de simple   Resp.
 Gloria  12/Julio/2017 20:13
Disculpar el comentario anterior sólo pretendía simplificar ,creo que apareció un tanto prepotente   Resp.
 Neo  13/Julio/2017 23:34
(A Gloria) Yo no veo disculpas que dar, Gloria. Yo lo veo un magnífico resumen y a mí personalmente, que me gustan las cosas sencillas porque me son más fáciles de retener, me viene muy bien. Muchas gracias.   Resp.
 

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