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17 Febrero 2017

El maltrato oculto

Por JOSÉ LUIS CANO GIL
Es desalentador comprobar la visión terriblemente simplista y superficial que la mayoría de gente y expertos tienen sobre el maltrato infantil. Sólo se quiere ver la violencia física, el abuso sexual y, como mucho, la violencia verbal excesiva. Y poco más. Pero el maltrato infantil, según muestra el análisis de neuróticos adultos, es infinitamente más variado que todo eso. Innumerables personas sufren y están psicológicamente condicionadas de por vida sin haber sufrido jamás "violencias" físicas, sexuales ni verbales. ¿Cómo puede ser esto?

Lo primero que debemos recordar es, una vez más, que todo maltrato es emocional y continuado. Con independencia de las formas explícitas que adopte (físicas, verbales o sexuales), su poder destructivo no reside en el "tipo" de maltrato, sino en la dinámica psicoafectiva que lo genera y, por tanto, en los daños igualmente psicoafectivos que causa. Tales psicodinámicas se caracterizan siempre por su incompatibilidad con las necesidades intrínsecas de seguridad y afecto de los seres humanos, motivo por el que, ya sean dichas dinámicas evidentes o sutiles, son siempre nocivas. Lamentablemente, dado que nuestras observaciones y diagnósticos suelen basarse exclusivamente en las "conductas" de padres e hijos, la mayoría de dramas psíquicos familiares no son detectados ni siquiera por los mejores expertos. Si queremos realmente descubrirlos, tenemos que mirar mejor y más hondo.

Laura Gutman ha descrito muy bien la esencia de la violencia familiar: imponer mi deseo sobre el tuyo. De este modo, no sólo violo tu voluntad sino que, a largo plazo, anulo tu ser. Arruino tu personalidad. Este daño no sólo puedo infligírtelo directamente -p. ej., tratándote de maneras evidentemente egocéntricas, autoritarias, violentas o negligentes-, sino mediante un millón de formas mucho más sutiles, "aceptables" y cotidianas. He aquí, desde mi experiencia con adultos neuróticos, algunas de ellas, de las que casi nunca oímos hablar en la prensa o internet.

1. Dominar. Es el caso más típico de suplantación del deseo del hijo. Muchos padres no "interactúan" con sus hijos, sino que simplemente los controlan por la vía rápida con toda clase de órdenes, reglas, castigos y decisiones unilaterales y autoritarias. Cuidan de los hijos pero sin contar con ellos. Naturalmente, en algunas circunstancias y según la edad de los niños a veces hay que actuar así. Pero cuando ello constituye un clima, una "política" familiar permanente, el hijo vivirá en un estado crónico de frustración, sumisión y culpa, mala base psicoafectiva  para el desarrollo de una personalidad sana y feliz.

2. Humillar. Muchos padres, por el mero hecho de ser adultos y neuróticos, imaginan ser mejores que sus hijos, a los que ven como meras criaturas "ignorantes" e inexpertas. La verdad suele ser exactamente la contraria, pues la mayoría de niños poseen muchos recursos cruciales -empatía, intuición, franqueza, imaginación, espontaneidad, curiosidad, ternura...- que la mayoría de adultos perdió hace ya mucho tiempo. Precisamente por esto, muchos padres no dudan en criticar, ridiculizar, minimizar o ignorar, en privado o -peor aún- en público, todo aquello que no les gusta, no comprenden y/o envidian de sus hijos. Lo que es, obviamente, tan injusto y despreciable como destructivo para los críos.

3. Atemorizar. Todas las atmósferas familiares que generan en los niños sentimientos prolongados de inseguridad, incertidumbre, amenaza o pánico causarán daños permanentes en su desarrollo. Aquí sí podemos incluir las acciones parentales extremas e incluso criminales (golpes, palizas, abusos, castigos desproporcionados, humillaciones, abandono, etc.).

4. Traicionar. Siempre que un adulto muy amado por el niño defrauda gravemente a éste, le rompe el corazón. Esto puede suceder incluso a través de objetos. Por ejemplo, una niña revela a su madre, en quien confía plenamente, un "secreto" muy importante, y la madre -sin respeto alguno- lo difunde después entre familiares o vecinos. Un padre regala a su  hijo la bicicleta largamente soñada -cargada por tanto de simbolismo amoroso- y, al día siguiente, el padre la destroza con furia ante los ojos aterrados del niño. Otro chico atesora durante años su amada colección de cochecitos y un día su madre, sin alma ni aviso, los arroja todos a la basura. Etcétera.

5. Desamparar. Hay padres "invisibles". Nunca están en casa, o nunca tienen tiempo, o siempre tienen cosas más "importantes" que hacer, o no se interesan por los asuntos del hijo, o no comprenden nada de él, o no dan la cara y lo defienden ante problemas familiares o escolares, etc. Otros padres, en cambio, son "hipervisibles". Sólo se importan a sí mismos, sólo hablan de sus cosas, sólo exigen y no dan, todo en ellos es egocéntrico y autorreferencial. Los niños a cargo de esta clase de progenitores se sienten profundamente desamparados, casi "huérfanos".

6. Confundir. Los niños, para sentirse seguros, necesitan -como los adultos- claridad, "lógica", previsibilidad. Pero en muchos hogares las cosas suceden de forma incomprensible, contradictoria, absurda para los niños. Por ejemplo, muchos son tratados bien o mal arbitrariamente, sin motivos coherentes que el niño pueda entender y controlar. Haga lo que haga éste para lograr el amor y aprobación de sus padres, siempre obtiene algo diferente y frustrante. Nunca acierta con lo que conviene, o nunca es el momento adecuado, o nunca es suficiente... Y es que ignora que sus padres no reaccionan según sus esfuerzos, sino sólo desde sus propias -y robóticas- compulsiones neuróticas.

7. Atropellar. Los niños poseen un agudísimo sentido de la justicia. Captarán y sufrirán, pues, el menor trato indebido por parte de los padres, el más mínimo abuso de poder, el menor agravio comparativo con otras personas, la más sutil contradicción entre lo que los padres mandan y lo que ellos mismos son capaces de hacer, etc. También les dolerán las preferencias y tratos desiguales de los progenitores hacia sus distintos hijos, con los inevitables celos y peleas entre éstos, etc. Todo ello irá sumando en el hijo un profundo estado de desdicha.

8. Avergonzar. Algunos padres se avergüenzan de determinadas limitaciones, conductas, aspecto físico, enfermedades, homosexualidad, etc.,  de algún hijo, por lo que tienden a apartarlo o "sobreprotegerlo" frente al mundo. Lo ocultan de las miradas de parientes y vecinos. Etc. Esta vergüenza parental es ampliamente absorbida por el hijo, con el dolor y consecuencias neuróticas duraderas que todos podemos imaginar.

9. Debilitar. Como en el caso anterior, algunas emociones parentales neuróticas son extremadamente "contagiosas". Por ejemplo, una madre especialmente reprimida, depresiva y/o aprensiva transmitirá al menos una parte de sus terrores a sus hijos más allegados. Un padre muy severo y autoritario inyectará un "policía interior" en el corazón del hijo, que se sentirá para siempre vigilado, juzgado e intimidado desde adentro (o desarrollará una rebeldía indomable). Una madre gravemente ansiosa, incapaz de transmitir seguridad a su hija, interferirá seriamente en el desarrollo psicoafectivo de ésta. Etcétera.

10. Culpar. Hay padres que culpan consciente o inconscientemente a algún hijo de algo, durante toda la vida. Por ejemplo, por "ser como es". Por haber nacido. Por ser del padre "equivocado". Por no ser del sexo esperado. Por ser homosexual. Por ser "débil" o "enfermizo". Por dar demasiados problemas. Por no ser lo bastante sumiso y "agradecido". Por parecerse a algún pariente odiado. Por fracasar o, al revés, triunfar en la vida... Etcétera. Tales hijos son, en fin, las ovejas negras, casi totalmente excluidas de cualquier respeto, aceptación y amor por parte de sus progenitores.

Etcétera.

Nótese que, en la mayoría de condiciones psicodinámicas descritas, no hay violencias explícitas. No hay golpes, no hay gritos (o pueden ser muy leves u ocasionales). Tampoco hay abusos sexuales, ni nada especialmente llamativo o ilegal. Simplemente son atmósferas más o menos carenciales para los niños, irrespirables, incluso tóxicas, flotando inadvertidamente sobre una cotidianidad sin problemas. Nadie se da cuenta de nada, ni siquiera -con frecuencia- las propias víctimas. Es algo parecido a los envenenamientos por monóxido de carbono. Pero el potencial neurotizador de esta carcoma invisible, de este predominio de las neurosis adultas sobre las necesidades infantiles, puede ser casi tan devastador como las violencias parentales más extremas. Con el agravante de que, siendo aquéllas casi imperceptibles, jamás se previenen ni solucionan.

Alguien podría objetar: "¡Pero José Luis, todo lo que describes es la vida misma! ¡Nadie se libra de sufrir varios de los problemas que mencionas! ¿Significa eso que todos los padres son maltratadores? Y en tal caso, ¿por qué la mayoría de gente sale adelante? ¿No sería mejor, en vez de cuestionarlo todo, fortalecernos ante las inevitables imperfecciones familiares y aprender a convivir con ellas?" Estas dudas serían muy razonables y podemos abordarlas con las siguientes reflexiones:

  1. Efectivamente, todos los padres son, en algún modo y medida, maltratadores. No existen los padres perfectos. Todos somos víctimas de víctimas y nadie escapa de la gran cadena del maltrato universal. Ahora bien, así como el mar de injusticias sociales -grandes y pequeñas- del mundo no nos impide percatarnos de ellas, denunciarlas y combatirlas en lo posible, ¿por qué habríamos de obrar de otro modo con los maltratos parentales, ya sean éstos pocos, muchos, leves o graves?
     
  2. Que la mayoría de gente parezca salir adelante no significa que así sea. Los trastornos neuróticos de las personas (ansiedades, obsesiones, manías, adicciones, depresiones, narcisismos, violencias...) suelen ser tan secretos como los maltratos familiares de los que derivan. Nadie va por ahí confesando sus demonios íntimos, salvo los casos extremos que llegan a los psicólogos, los psiquiatras o la policía. Por otro lado, la gente canaliza su neurosis a través de las convenciones sociales (individualismos, consumismos, tecnologías, explotación, ideologías, maltrato infantil, artes, deportes...), mediante las cuales se acoge y camufla en el sistema. Como las cebras entre las cebras.
     
  3. Una razón más honda por la que la mayoría de neurosis -salvo, reiteremos, las más graves- no suelen detectarse es nuestra percepción extraordinariamente superficial, conductual y legalista de los problemas humanos. Esto es típico de todas las civilizaciones: todo aquello que no contradiga alguna ley o las normas sociales, sencillamente no existe. Por tanto, el sustrato afectivo de cualquier problema y, en general, la propia afectividad humana quedan eliminados de la conciencia social. (Como mucho, se los relega a los evacuatorios sentimentales de la religión, el arte, los espectáculos, etc.). La consigna de la civilización es: "no nos interesa lo que sientes, sino sólo lo que piensas y haces". Pues de lo que se trata es, en fin, de lavar cerebros y domar conductas.
     
  4. Indicar finalmente que no es posible "convivir con las imperfecciones familiares", de igual modo que nadie logra asumir la sinrazón y la injusticia. Todo problema psicoafectivo que, con cualquier excusa, no se afronta y alivia, simplemente nutrirá y adoptará toda clase de máscaras... incluidas las que tanto odiamos y nos preocupan socialmente: p. ej., la ignorancia, el miedo, la alienación, los radicalismos, la violencia, los trastornos mentales, las adicciones, los suicidios, las guerras... Todo niño maltratado será siempre un adulto neurótico. Y, como la neurosis no causa todos los problemas pero sí es un potente catalizador de todos ellos, millones de neuróticos resultarán el bosque seco que arderá fácil y continuamente bajo toda clase de chispas.

¿Se atreverán algún día las cebras a separarse de la manada como individuos que sufren psicoafectivamente? ¿Querrán admitir que son mucho más que un manojo de conductas, ideas y deberes prefabricados? ¿Osarán distinguir las verdades de las mentiras, las fantasías de las realidades, las víctimas de los verdugos? ¿Quién confesará que la infancia no es la etapa "más feliz" de las personas -tal como muchos mienten-, sino a menudo la más peligrosa y desdichada? ¿Alguien explorará la fuente primigenia del sufrimiento, que es el trato aberrante de millones de adultos contra sus propias crías...?

Sin duda alguna, algunas cebras sí despertarán. Y a ellas dedico este post.

4 teorías para un cadáverLa Psicología perversa
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13 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 Joan  17/Febrero/2017 20:31
Creo que es un post de los mas necesarios. Porque tenemos muy clara y definida la tipologia de maltrato (fisico, sexual y verbal), donde se enmarcan solo las mas visibles. Pero millones de adultos neurotizados estan detras de esta sutileza de maltrato, que se esconde y que de igual manera degolla al niño. Es de suma importancia que se haga enfasis y se de vision, a esta tipologia de maltrato, porque al ser tant sutil, es el que menos se ve y a veces puede dañar más, por que el niño se siente doblemente confundido.
Enhorabuena port este post tant bien redactado y tant claro. Y por poner luz en la oscuridad.
¡¡ A por la liberacion de la zebra!!   Resp.
 Titilandum  18/Febrero/2017 00:45
Gracias por este post tan hermoso.

Leyéndo este, y otros posts, he llegado a algunas conclusiones, y en algo debo de estar equivocado:

1.) No todas las conductas/emociones son psiquiatrizables (sólo las que están al "servicio de la muerte").
2.) La mayoría de las personas hemos sufrido algún tipo de maltrato. En consecuencia, somos, en algún grado, neuróticos/as. Es decir, presentamos algún rasgo de "locura" (de acuerdo al punto 1) más o menos camuflada.
3.) Cito: "¿Puedo mejorar sin psicoterapia, es decir, sólo leyendo libros, artículos, etc.? Rotundamente, no".

Entiendo que la psicoterapia está especialmente indicada para personas que están en una situación de bloqueo que no les permite "fluir" y "adaptarse" a las circunstancias (es decir, que su neuroticismo les impide "salir adelante" en términos materiales y objetivos). Pero siguiendo las premisas anteriores, parece que todo el mundo necesitaría terapia.

No dudo de que ésta pueda ser beneficiosa para cualquier persona. Pero, ¿acudir voluntariamente a tu consulta es conditio sine qua non para crecer, madurar o evolucionar emocionalmente? ¿Representa el psicoterapeuta la autoridad (el saber, el "iluminado" que ya ha hecho el "viaje interior") frente a una masa de ignorancia (no saber, inmadurez, inconsciencia)?


Un saludo cordial.   Resp.
 Neo  18/Febrero/2017 04:01
Efectivamente otro artículo imprescindible. Porque ese maltrato psicológico, emocional, continuado es invisible. Como bien dice JLC en el artículo "Nadie se da cuenta de nada, ni siquiera -con frecuencia- las propias víctimas." Pero aun siendo invisible sigue siendo real y sigue provocando daños.

Leyendo este artículo no he podido dejar de recordar estas palabras de Marie-France Hirigoyen, gran especialista mundial en acoso y autora del absolutamente recomendable libro "El acoso moral: El maltrato psicológico en la vida cotidiana", que va ya por su 22ª edición:

Página 44: Puesto que, efectivamente, no se puede matar al cuerpo del niño se procura que éste no sea nadie y se lo anula psíquicamente. Se puede mantener así una buena imagen de uno mismo aun cuando de paso el niño pierda toda conciencia de su propio valor. “Cuando la tiranía es doméstica y la desesperación es individual, la muerte alcanza su objetivo: el sentimiento de no ser. Puesto que socialmente no se puede matar al niño corporalmente y puesto que es necesaria una cobertura legal, con la finalidad de mantener una buena imagen de uno mismo, que es el colmo de la hipocresía, se organiza un asesinato psíquico: procurar que el niño no sea nadie. Encontramos aquí una constante: no hay rastro, no hay sangre y no hay cadáver. El muerto está vivo y todo es normal” (B. Lempert: L'enfant et le désamour, L'arbre au milieu, 1989).

Y tb es muy interesante este video de la Doctora Nadine Burke Harris, médico-pediatra. Es muy interesante en su totalidad pero si se tiene poco tiempo basta ver los minutos 08:00 a 09:30:

https://www.ted.com/talks/nadi ..   Resp.
 Neo  18/Febrero/2017 04:24
Ah, se me olvidaba (y quizás puedas agregarlo al final de mi comentario anterior):

Gracias por la dedicatoria. Una cebra que despertó. ;) :D   Resp.
 JLC  18/Febrero/2017 10:40
(A Titilandum) Todo es mucho más simple, Titilandum. Sencillamente, si sufres, despierta. No importa quién o cómo te ayudes a ello. ¡Despierta! Madurar es tomar conciencia de lo inconsciente.

Un saludo. ¡Y también saludos a vosotros, Joan y Neo! e_52   Resp.
 RAC  18/Febrero/2017 13:10
Uno mismo puede saber que hay en en su inconsciente? Yo creo q no. Es fundamental la ayuda del terapeuta, sólo a través de la transferencia, la asociación libre y el material del sueńo, sabemos de nuestro inconsciente, q es el q manda, por mucho q creamos q controlamos todo. El problema es q las corrientes psicológicas más utilizadas se saltan o minimizan el poder del inconsciente...no interesa al status quo. Estamos en el siglo de la ciencia y la tecnología, pero no del pensamiento.   Resp.
 Valkyria  18/Febrero/2017 21:03
Otro libro súper interesante sobre este tema es " Padres que odian" de, si mal no recuerdo, la psicóloga Susan Forward.
Cuenta como, a través de sus años de psicoterapeuta, ha llegado a varias conclusiónes de los diferentes problemas comunes de sus pacientes, causados x sus padres incapaces cuando eran niños.   Resp.
 Neo  18/Febrero/2017 23:17
Efectivamente Valkyria. El sólo hecho de leer su título original ("Toxic Parents": lo vi en una librería en Nueva York) ya me hizo vislumbrar el problema. En ese momento no pude leerlo (mi inglés no es tan bueno) pero tenemos la suerte de que haya sido traducido al español y su lectura es muy recomendable. A mí otro que me gustó mucho también (por lo clarito) y me ayudó es: "De la autoestima al egoísmo" de Jorge Bucay. Y como, afortunadamente, cada vez se habla (y se escribe) más sobre este tema ya va habiendo muchos otros: "Evite ser utilizado" (Wayne W. Dyer), "Madres que no saben amar" (Karyl Mc Bride), etc., etc., etc.   Resp.
 Tatum  28/Febrero/2017 23:02
Y lo difícil que es creer que has despertado y descubrir que todavía vives en una especie de letargo...

Maravilloso texto, José Luis. Lo leí hace unos días y me ha dado mucho que pensar. Gracias.

Un saludo.   Resp.
 Marcos  02/Marzo/2017 20:06
Un placer leerte José Luis.
Nunca me había interesado en la psicología hasta que descubrí a Freud, a mi señora (risas) y a vos.
Saludos!!   Resp.
 miguel agel  10/Marzo/2017 12:30
Muy bueno, pero si no fuésemos cebras que seriamos outsiders ?   Resp.
 Neo  13/Marzo/2017 16:06
Bueno, si la definición de outsider es esta que he encontrado:

"Outsider (nombre común):

1. Competidor desconocido y con pocas posibilidades de éxito.
2. Persona que está al margen o fuera de las tendencias más comunes."

pues me quedo con la segunda acepción, que no me disgusta en absoluto (de hecho, me encanta), discrepando con la primera en eso de las pocas posibilidades de éxito.

Me gustaría señalar aquí que, en mi opinión, a lo largo de la Historia de la Humanidad han sido muchos los (¿outsiders? ¿locos? ¿genios?) que, precisamente por no seguir las tendencias más comunes y abrir caminos nuevos, la han hecho avanzar. Que cada uno busque ejemplos.

Y para terminar este post con una cita que me gusta:

"Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado". (Margaret Mead).

Saludos a todos. Neo. :-)   Resp.
 Vic   14/Marzo/2017 14:56
(A Neo) Gracias Neo ... me leí Acoso Moral ... Uff es tan real ... que estremece.
Les recomiendo Prone to Violence de Erin Pizzey, no lo encontré en español ... estaba en pdf en inglés solamente, página 93, describe cómo el provenir de una familia violenta determina tu discapacidad emocional y una falta de estructura que impide reconocer tus necesidades básicas como higiene o alimento ...

"...In the early days after we moved from Belmont Terrace ( a packed community in just four rooms) to Chiswick High Road, I already had ideas of how a community containing so many emotionally disabled and disruptive people could best be managed. I realised that a large majority of these mothers had come from institutional backgrounds, as well as violent families, and because of this their internal life was chaotic. After all, I myself had spent many years in a boarding school, and vacations in a holiday home. Improperly parented, and brought up largely in servants' quarters in the Far East, I remembered my own early struggles even to begin to understand the highly complex rules of socially acceptable behaviour. Institutions may create external order, but without that emotional and chemical bonding between parents and children which is necessary to create a learning situation as soon as the external rules are removed, the emotionally disabled person is bereft. It is like removing crutches from crippled patients before training them to walk. Their own internal world has no social structures for such emotionally disabled people to fall hack on; no internal clock to help get them up in the morning; no internal message to go to the lavatory regularly; to eat at spaced intervals; to sleep regularly, not only when they are exhausted. For them all is confusion - and finally they will find their way back to institutions for safe-keeping. This structureless behaviour is also very evident in people from the background of violent families, which are by nature chaotic..."

Saludos   Resp.
 

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