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12 Junio 2017

El secreto del equilibrio

Por JOSÉ LUIS CANO GIL
Todos sabemos que la virtud está en el punto medio. Que lo mejor no son los extremos, sino buscar -y quedarnos- en un ideal término medio. Ni demasiado frío ni demasiado caliente, ni blanco ni negro, ni izquierda ni derecha, sino preferiblemente tibio, gris, moderado... Y suele ser, en efecto, lo más conveniente en asuntos éticos y sociales. Pero psicodinámicamente, en el ámbito exclusivo de la psicoterapia y el crecimiento personal, ¿es tan fácil? ¿Funciona así el corazón?

Nuestras emociones son "líquidas" por naturaleza. Se mueven, se agitan, van y vienen continuamente. Oscilan siempre entre extremos. Ahora estamos alegres y luego tristes. Hoy tranquilos y mañana furiosos. De pronto cariñosos y altruistas, y más tarde fríos y egocéntricos... No podemos "congelar" una emoción concreta o deseada, ni instalarnos fijamente en alguna de ellas. Si estamos vivos, oscilamos. Por tanto, en sentido psicodinámico, el anhelado término medio parece inalcanzable. O quizá sea algo diferente a lo que nos han contado. 

Fijémonos en los ciclistas. ¿Por qué no caen de sus bicicletas? Obviamente, porque saben balancearse con ellas. Flexiblemente. Fluidamente. Con toda naturalidad. Se mantienen en equilibrio sin esfuerzo alguno porque se inclinan con su bici a un lado u otro en función de las necesidades cambiantes de la marcha.... La esencia del equilibrio es precisamente ésa: el balanceo entre opuestos. Como asimismo saben muy bien los funambulistas, los navegantes, los verdaderos artistas... y los buenos psicoterapeutas.

El punto medio no es una posición estática que podamos forzar o a la que podamos agarrarnos. Es más bien una "estabilidad" que resulta de la continua aceptación y expresión de nuestros opuestos emocionales. Algo parecido al arco fijo de luz que vemos cuando agitamos un cigarrillo en la oscuridad. O a la peculiar estabilidad inestable del ciclista. Paradójicamente, ¡sólo conservamos el equilibrio cuando sabemos desequilibrarnos! Por eso, si, en vez de pendular de un lado a otro, bloqueamos, reprimimos ciertas emociones, ciertos aspectos de nosotros mismos que consideramos "negativos", inmediatamente entramos en una violenta espiral de bandazos. Nos desequilibramos por completo.

Esto es muy importante en psicoterapia en relación al problema del autocontrol. A menudo, algunas personas no necesitan más represión para moderar ciertas conductas "indeseables" sino, al revés, más tolerancia y permisos para manifestarlas (siempre que no se hagan daño a sí mismas ni a nadie, por supuesto). (1) Por ejemplo, personalmente rara vez interfiero en lo que un cliente bebe o fuma, etc., pues evidentemente lo hace porque su ser lo necesita, y tenderá a hacerlo, abiertamente o a escondidas y además muy culpabilizadamente, mientras no descubra y resuelva las causas inconscientes que lo empujan a ello. Por tanto, imponerle a ciegas determinados objetivos podría no ser sino violentarlo.

El organismo es un péndulo. Tiende a estabilizarse, pero sólo en la medida que le dejamos expresar, descargar, oscilar libremente sus tensiones de un lado a otro. Como en la bicicleta o la cuerda floja. Maravillosamente, cuando le permitimos esto en el marco propicio de autoconciencia y ayuda de una psicoterapia, el peso de las emociones contrapuestas va reduciéndose más rápidamente y, con ellas, también los bandazos globales del péndulo... Las ansiedades del individuo, sus síntomas, sus comportamientos, se van suavizando. Y, así, se va acercando espontáneamente -es decir, por maduración y no por esfuerzo- a un genuino equilibrio. A su dinámico punto medio.

Por consiguiente, lector, si quieres hallar tu equilibrio en el amor, a veces tendrás que ladearte hacia tu odio. Si quieres ser generoso, a veces tendrás que inclinarte hacia tu egoísmo. Si quieres conservar tu alegría, a veces tendrás que saber entristecerte. Si quieres ser buena persona, a veces te irá bien ser un poco canalla. Si quieres ser libre, a veces deberás ser obediente. Si deseas ser pacífico, en ocasiones tendrás que ser agresivo... Etcétera. La simulación de un rígido "punto medio" sólo te hará hipócrita y violento. Pero si te atreves a balancearte con lucidez y sin culpas entre tus diversas emociones, llegarás a centrar tu ser.

__

1. Esto no es aplicable, obviamente, a las personas más trastornadas, autodestructivas y/o inaccesibles desde la Psicodinámica. 

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3 comentarios
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 Tatum  13/Junio/2017 00:48
Esto es algo que muchas veces nos exigimos a nosotros mismos y a los que nos rodean, perdiendo así la esencia de nuestra naturaleza. Se exigen trayectorias intachables y censuras varias en pos de una imagen artificial de cara a la galería.

Me sumo al carro de los símiles ;) Otro que me viene a la cabeza (seguramente porque ayer vi la película Interstellar) es el de las naves espaciales en el momento de acople a una estación, cuyas maniobras de aproximación requieren de pequeños y suaves impulsos en varias direcciones para conseguir el acople (centrar tu ser).

Supongo que es necesario, sin autocensuras ni castigos, valorar la virtud que tiene, en ocasiones, caminar por la cuerda floja.

Gracias, José Luis.

Un saludo.   Resp.
 Patito Bonito  14/Junio/2017 12:32
Qué interesante, José Luis. ¡Muchas gracias!
Voy a añadir algo que escribí hace poco sobre el «buenismo», tan de moda. ¿Será que ahora nos quieren más buenecitos que nunca, cuando la violencia arrecia (precariedad, becarios, seniors a un lado, ancianos timados, agresiones machistas defendidas por buena parte de la sociedad…), pero de una manera más subliminal, sin que se permita decir «¡Vete a la mierda!» porque serás tachado de violento tú, y no los que ejercen esa violencia. Bueno, ahí va:
¡A LA MIERDA EL BUENISMO! Ese Nuevo Cristianismo en formato de autoayuda, que dice:
-PERDONA -forzadamente, como si fuera una acto mágico que sucede por mera voluntad- Y ASÍ LO SUPERARÁS. Da amor a quien te humilla y ¿¿¿así lo superarás?! ¡Ja! Así van a seguir dándote, tan patético y débil les resultas: ya «has perdonado» sin que hubiese siquiera un reconocimiento del daño.
-PON LA OTRA MEJILLA, que ¡te van a dar candela! Dales permiso, venga: Ahóstiame, que no pasa nada. Como si no doliera. Niega y da permiso para que siga sucediendo.
-QUÉDATE AHÍ, NO TE MUEVAS. ¡SILENCIO! Sé el saco donde el otro lanza su mierda.
-Y lo peor: TODO DEPENDE DE TI, si perdonas, si pones la otra mejilla, si eres lo suficientemente fuerte, si lo eres, si no lo eres… ¡Y una mierda! Y quien se porta mal, quien agrede, quien humilla, etc ya puede lavarse las manos tranquilamente como Pilatos, que con él/ella no va nada. En verdad es «culpa» de la víctima. Protejamos a los verdugos, en vez de a las víctimas, ¡venga! Qué cristiano y qué New Age. ¡Que siga la agresión, yijaaa!
-Y toda esa mierda de que elegimos a las personas que encontramos en nuestra vida, incluidos quienes nos humillan, nos agreden. ¡Algo habremos hecho en otra vida o en esta! Más de lo mismo: culpabilizar a quien sufre. Quédate ahí, que te sigan dando, que ¡te lo mereces!
-Máximo respeto, por cierto. Comprende al agresor, haz ese supremo esfuerzo. El agresor que no piense; tú, que no estás en su cabeza, ¡rómpetela!, a ver si comprendes. Sé un buen cristiano; el otro no; esta disculpado de serlo.
Todo exigencias para el que sufre, que se ha de adaptar, negar su dolor, quedarse ahí, recibir todas las hostias del mundo, perdonar, comprender y respetar. ¡Así va el mundo con el Nuevo Cristianismo, disfrazado de buenismo!   Resp.
 Cloe  23/Junio/2017 13:00
Totalmente de acuerdo. Comprende tu al otro que ese otro no se va a tomar la molestia de comprenderte eso si mientras tanto te pide comprensión ,al final lo único que comprendes es que les importas una mierda y que has perdido en tiempo tanto comprender en vez de enfadarte y devolver la hostia o reclamar daños. Y además acabas agrediendo a un agresor que se toma cualquier cosa que le digas como una gran ofensa y te hace sentir mal y tanto le comprendes que sabes que esas personas ni
siquiera piensan en el daño que hacen. Para eso sirve tanta compresión para que te machaquen impunemente.   Resp.
 

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