El secreto del equilibrio

Todos sabemos que la virtud está en el punto medio. Que lo mejor no son los extremos, sino buscar -y quedarnos- en un ideal término medio. Ni demasiado frío ni demasiado caliente, ni blanco ni negro, ni izquierda ni derecha, sino preferiblemente tibio, gris, moderado... Y suele ser, en efecto, lo más conveniente en asuntos éticos y sociales. Pero psicodinámicamente, en el ámbito exclusivo de la psicoterapia y el crecimiento personal, ¿es tan fácil? ¿Funciona así el corazón?

Nuestras emociones son "líquidas" por naturaleza. Se mueven, se agitan, van y vienen continuamente. Oscilan siempre entre extremos. Ahora estamos alegres y luego tristes. Hoy tranquilos y mañana furiosos. De pronto cariñosos y altruistas, y más tarde fríos y egocéntricos... No podemos "congelar" una emoción concreta o deseada, ni instalarnos fijamente en alguna de ellas. Si estamos vivos, oscilamos. Por tanto, en sentido psicodinámico, el anhelado término medio parece inalcanzable. O quizá sea algo diferente a lo que nos han contado. 

Fijémonos en los ciclistas. ¿Por qué no caen de sus bicicletas? Obviamente, porque saben balancearse con ellas. Flexiblemente. Fluidamente. Con toda naturalidad. Se mantienen en equilibrio sin esfuerzo alguno porque se inclinan con su bici a un lado u otro en función de las necesidades cambiantes de la marcha.... La esencia del equilibrio es precisamente ésa: el balanceo entre opuestos. Como asimismo saben muy bien los funambulistas, los navegantes, los verdaderos artistas... y los buenos psicoterapeutas.

El punto medio no es una posición estática que podamos forzar o a la que podamos agarrarnos. Es más bien una "estabilidad" que resulta de la continua aceptación y expresión de nuestros opuestos emocionales. Algo parecido al arco fijo de luz que vemos cuando agitamos un cigarrillo en la oscuridad. O a la peculiar estabilidad inestable del ciclista. Paradójicamente, ¡sólo conservamos el equilibrio cuando sabemos desequilibrarnos! Por eso, si, en vez de pendular de un lado a otro, bloqueamos, reprimimos ciertas emociones, ciertos aspectos de nosotros mismos que consideramos "negativos", inmediatamente entramos en una violenta espiral de bandazos. Nos desequilibramos por completo.

Esto es muy importante en psicoterapia en relación al problema del autocontrol. A menudo, algunas personas no necesitan más represión para moderar ciertas conductas "indeseables" sino, al revés, más tolerancia y permisos para manifestarlas (siempre que no se hagan daño a sí mismas ni a nadie, por supuesto). (1) Por ejemplo, personalmente rara vez interfiero en lo que un cliente bebe o fuma, etc., pues evidentemente lo hace porque su ser lo necesita, y tenderá a hacerlo, abiertamente o a escondidas y además muy culpabilizadamente, mientras no descubra y resuelva las causas inconscientes que lo empujan a ello. Por tanto, imponerle a ciegas determinados objetivos podría no ser sino violentarlo.

El organismo es un péndulo. Tiende a estabilizarse, pero sólo en la medida que le dejamos expresar, descargar, oscilar libremente sus tensiones de un lado a otro. Como en la bicicleta o la cuerda floja. Maravillosamente, cuando le permitimos esto en el marco propicio de autoconciencia y ayuda de una psicoterapia, el peso de las emociones contrapuestas va reduciéndose más rápidamente y, con ellas, también los bandazos globales del péndulo... Las ansiedades del individuo, sus síntomas, sus comportamientos, se van suavizando. Y, así, se va acercando espontáneamente -es decir, por maduración y no por esfuerzo- a un genuino equilibrio. A su dinámico punto medio.

Por consiguiente, lector, si quieres hallar tu equilibrio en el amor, a veces tendrás que ladearte hacia tu odio. Si quieres ser generoso, a veces tendrás que inclinarte hacia tu egoísmo. Si quieres conservar tu alegría, a veces tendrás que saber entristecerte. Si quieres ser buena persona, a veces te irá bien ser un poco canalla. Si quieres ser libre, a veces deberás ser obediente. Si deseas ser pacífico, en ocasiones tendrás que ser agresivo... Etcétera. La simulación de un rígido "punto medio" sólo te hará hipócrita y violento. Pero si te atreves a balancearte con lucidez y sin culpas entre tus diversas emociones, llegarás a centrar tu ser.

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1. Esto no es aplicable, obviamente, a las personas más trastornadas, autodestructivas y/o inaccesibles desde la Psicodinámica. 

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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