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01 Diciembre 2017

Pedir perdón a los hijos

¿Una utopía?
Por JOSÉ LUIS CANO GIL
Sabemos que muchos terapeutas consideran curativo "perdonar" a los padres. Nosotros consideramos que, al revés, sólo si sanamos podemos (a veces) perdonarlos. En todo caso, ¿se defiende con igual ardor que los padres pidan perdón a sus hijos? Casi nunca lo he visto. ¡Qué maravilloso y reparador sería para el mundo que se fomentase por todas partes la necesidad de que los cuidadores se disculpen ante los niños!

Algunas madres y padres valientes sí saben disculparse por errores concretos. A veces incluso lo hacen demasiado a menudo sin corregir dichos errores, lo que puede hacer que el hijo, no sabiendo si enfadarse o apenarse con unos padres siempre tan débiles y angustiados, se bloquee emocionalmente y pierda su confianza en ellos... Pero la disculpa más difícil es la que atañe al fracaso integral de toda una crianza. Al reconocimiento de que casi nada se hizo bien y por ello el hijo se neurotizó. La humildad, el coraje, incluso el heroísmo que hacen falta para asumir tan dramático sentimiento de culpa y naufragio son extraordinarios. Por eso nuestra admiración hacia los pocos padres que lo consiguen es inmensa. 

Hay algo importante sobre el perdón. Las personas que fueron amadas, y algunas que, sin serlo, lograron madurar lo suficiente con ayuda de terapias, etc., pueden ciertamente experimentar un gran alivio de sus heridas y, en consecuencia, sentir compasión y perdonar unilateralmente a sus verdugos. Pero, en general, el perdón es un asunto bilateral. Es una interacción entre un victimario y una víctima. Por ejemplo, esperamos que los delincuentes, los malos políticos, los genocidas, etc., además de su castigo penal y su indispensable cambio de comportamiento, etc., se avergüencen y disculpen por sus crímenes. Deben ganarse el derecho al perdón social mediante un sincero arrepentimiento. De otro modo, la sociedad seguirá desconfiando de ellos, temiéndolos, rechazándolos, y la "rehabilitación" o conciliación individuo-sociedad no serán posibles. Incluso las más mínimas ofensas o agresiones en nuestras vidas cotidianas sólo pueden repararse con sinceras disculpas... ¿Por qué a las familias maltratadoras las absolvemos sin más, sin ninguna razón ni requisito?

Desde una psicología del trauma como la nuestra, el abordaje de la neurosis sólo puede ser doble. La definición misma de "trauma" implica a dos actores fundamentales. Por un lado, las víctimas, con sus trastornos, síntomas, inadaptaciones, etc. Y, por otra, los verdugos, que a su vez son víctimas de otros victimarios anteriores, etc. Ambas partes son simbióticas. Ambas se han desarrollado juntas, se necesitan mutuamente, cronifican a la par sus vínculos tóxicos. Por tanto, si se quiere sanar a la víctima, ¿no sería lo mejor sanar también al verdugo? El perdón sería, obviamente, una parte importante del proceso. Pero, para que otorgarlo fuese un acto real y no un mero fingimiento como suele ser, una rendición más a la omnipotencia del verdugo, el victimario debería implorarlo sinceramente con todas las consecuencias. Como en los demás ámbitos sociales.

Si la mayoría de psicólogos, psiquiatras, pedagogos, abogados, legisladores y medios de comunicación, como parte del tratamiento y prevención de los problemas mentales, defendiésemos la necesidad de que los padres reconozcan y cambien sus conductas patógenas, y pidan perdón por ellas a sus hijos (y no al revés), muchísimos trastornos serían mucho menos graves o duraderos. Las reconciliaciones familiares serían mucho más sinceras y numerosas. Y los neuróticos, para sanar, no tendrían que alejarse necesariamente de sus parientes.

La ira del terapeuta¡Busco terapeutas millerianos!
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10 comentarios
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 Dan Ross  01/Diciembre/2017 14:20
Me he acordado de Jodorowsky. En El Topo, utilizó a su hijo Brontis en el reparto. Con siete años, le hizo enterrar un retrato de su madre y un oso de peluche, truncándole la infancia en un acto simbólico.

Lustros más tarde, por su aniversario, le escondió el retrato de su madre y un oso de peluche en un agujero, y se los hizo desenterrar. Brontis se echó a llorar.   Resp.
 Titilandum  01/Diciembre/2017 22:20
Sin embargo creo haber leido en uno de tus posts que pedir perdón a los hijos puede neurotizarlos aún más porque (si no recuerdo mal) podrían sentise inseguros y/o desamparados.

Un saludo.   Resp.
 Tatum  04/Diciembre/2017 12:23
El peor perdón es ese, el perdón que no es sincero. Es el que te trastoca, el que te marea y el que, de un revés, te envía de nuevo al barro.

saludos   Resp.
 Olga  04/Diciembre/2017 18:01
Y también ocurre que algunos padres, los más narcisistas, "piden perdón" volviendo a humillar a la víctima: te pido perdón porque yo no soy como tú. Te pido perdón porque tú (no yo) lo necesitas. Te pido perdón para ver si así te tranquilizas (porque evidentemente estás loco/loca). Te pido perdón aunque tú tienes la culpa de todo lo que pasa en esta casa, pero a mi no me gustan los follones y tengo más educación que tú, etc, etc... Y cuando el hij@, ante la espantosa evidencia de que todo es un nuevo paripé para que nada cambie, se niega a relacionarse con ellos, vuelve a ser agredido por no querer perdonar. Así es, a veces, demasiadas, el rejuego del "pido perdón".

¡Saludos!   Resp.
 Neo  08/Diciembre/2017 10:24
Al caer de nuevo esta mañana sobre esta entrada del perdón he recordado (de cuando sabía cosas de religión y tal: o sea, hace siglos) que el perdón (cristiano: o la confesión, no recuerdo muy bien) tenía 5 requisitos.

Total, que he buscado por Internet y he encontrado este enlace:

https://www.religionenlibertad ..

del que entresaco esta cita:

"La confesión o sacramento de la penitencia consta de “examen de conciencia, contrición de corazón, propósito de la enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra”."

que viene a recoger los 5 puntos que yo recordaba del modo siguiente:

1/ Examen de conciencia.
2/ Arrepentimiento. (Contrición de corazón)
3/ Admisión / Confesión de culpa. (Confesión de boca).
4/ Propósito de enmienda.
5/ Reparación del daño. (Satisfacción de obra).

Dicho esto me pregunto, ¿cuántas peticiones de perdón son sinceras y cumplen esos 5 requisitos? Diría que muy pocas.

Y sobre todo cuando, como dice Olga, "todo es un nuevo paripé para que nada cambie" está claro que no hay examen de conciencia, ni admisión / confesión de culpa, ni arrepentimiento, ni propósito de enmienda ni reparación del daño.

Y con esto no es que sea fan de la religión (ni mucho menos) ni de la Biblia (que tampoco) pero en mi opinión esos 5 requisitos que recogía (si no me equivoco) el Catecismo sí son racionalmente correctos. Otra cosa es que se apliquen.

Y dicho esto, es hora de desayunar. Que tengáis un buen día. Neo. ;-)   Resp.
 JLC  08/Diciembre/2017 11:30
(A Neo) Totalmente de acuerdo. El cristianismo (al menos en su versión católica, la única que conozco) tiene aspectos negativos, pero también algunos muy finos y positivos. Por ejemplo, la psicología del arrepentimiento y del perdón, y su institución derivada: la Confesión. Durante siglos, si se aplicaba con amor, fue un antecedente directo (en mi opinión) de la psicoterapia Humanista.

A Tatum, Neo, Dan Ross y Salvador Gaviota, muchas gracias a todos por vuestros últimos ¡y magníficos! materiales.

Y muchas gracias también, con mi saludo y bienvenida, a las personas nuevas que habéis participado últimamente en el blog (Jesús, Sergio, Remedios, Adelaida, Chulito, Gema, Enara Amarillo, Alguien, Ricardo, Rafael, Marcela, Isaura, Jones, Manuel, Lucas, Dulcinea, Rivera, Flor, Diana y algunos más, más antiguos). En general, no puedo saludaros uno por uno cuando escribís pero, bueno, lo hago ahora mismo, y sabed que siempre os leo con mucho agrado.

¡Un cordial saludo a todos/as! :)   Resp.
 Sandra  08/Diciembre/2017 17:55
Contundente, me encantó! Hay hijos que no pueden vivir sanos por la bronca que tienen hacia sus objetos parentales, es imposible que puedan sentir rencor pues "no está permitido" y he visto como esa bronca la desplazan a una figura menos amenazante comúnmente a sus parejas, por eso la importancia de las figuras al reconocer la falta y el fracaso en la crianza, aceptar asumir el error, es un paso para el perdón , y eso daría cierto alivio a los hijos, porque entonces quizás podrían comprender la bronca y de cierto modo justificarla, sin embargo hay padres que sencillamente no sentirán remordimientos, que no cuestionaran su crianza y que ni siquiera les interesa, creo que aquí el perdón nunca llegaría y habría que ver la manera de como manejar el tema del perdón, es muy duro.   Resp.
 Titilandum  09/Diciembre/2017 04:09
(A JLC) De todas formas, JLC, sigo pensando que el pedir perdón a los hijos toma matices dependiendo de la edad del niño (y posiblemente otros muchos factores). Creo que en determinados momentos del desarrollo del niño, las disculpas de los padres pueden ser algo negativo: les resta autoridad a los progenitores y genera en los niños sensación de desamparo. Y si han sufrido algún tipo de maltrato, los neurotizará, porque el niño reprimirá sus emociones negativas y experimentará culpa por sentirlas.

Otra cosa es que en momentos de cierta madurez del individuo (yo diría que durante la adolescencia), los padres asuman, reconozcan, e intenten comprender CON sus hijos que han cometido errores, y pidan disculpas genuinas. Del mismo modo que, en mi opinión, durante este periodo deberían procurar que sus hijos sean "críticos" (en el mejor sentido) con los valores o ideas que ellos mismos les han inculcado (cosa que antes, durante la niñez, constituiría un peligroso error).

Paralelamente (y espero que esta comparación sea legítima) diré que puede ocurrir algo similar en la relación terapeuta-paciente. No creo que sea positivo que el primero exponga demasiado sus propios rasgos neuróticos, sino que debe haber cierta distancia. Aunque se reconozca como falible/imperfecto/neurótico, no es positivo que se desnude ante el paciente. Perdería la autoridad frente al mismo. Ahora bien, si después de una larga terapia algo se hubiese hecho mal, pero el paciente tuviese cierta estabilidad, ambos podrían asumir juntos el error, y el terapeuta podría pedir disculpas. Quizás, si la estabilidad del paciente o su confianza en el terapeuta flaquearan (y de ello dependiera su recuperación o mejoría), estas disculpas podrían aplazarse, o gestionarse de otro modo.

A propósito de todo esto, me encantaría leer más en profundidad acerca del momento en que realmente fracasa la relación con el paciente. Me refiero especialmente a aquellas circunstancias en que éste ha depositado su confianza y respeto al terapeuta, y después de haber invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero, no se obtienen resultados (o incluso hay empeoramiento). Supongo que esto puede ocurrir a pesar de la idoneidad del paciente. ¿Basta con unas disculpas y una recomendación a otros terapeutas? ¿Qué responsabilidad os exigís (o se os exige) a los terapeutas en estos casos? Porque sabemos que en los peores ejemplos, este momento no llega, y las sesiones se alargan junto con las facturas. Pero también es posible pensar que toda responsabilidad del fracaso en la terapia recae en el paciente...(lo cual debería manifestarse en las primeras sesiones). En definitiva...¿Cómo pedís perdón los terapeutas cuando pedís perdón?

Un saludo a todos,

Titilandum.   Resp.
 JLC  09/Diciembre/2017 12:39
(A Titilandum) Disculparse o pedir perdón no es, en el fondo, sino una cuestión de lucidez y sensibilidad y, sobre todo, de no miedos y no soberbia. Todo lo demás es sentido común. Respecto a cuándo y por qué puede ser negativo para los hijos, este mismo artículo lo explica.

Lo mismo es aplicable a los terapeutas y sus clientes. Eso sí, cuando una terapia se rompe no es (en mi opinión) por los "errores" del terapeuta o del cliente, sino por la manera en que ambos sepan (o no) repararlos. (Hay errores que no dañan el vínculo, sino que lo estrechan). En general, las terapias se rompen por cuestiones de fondo más variadas y complejas.

Un saludo.   Resp.
 salvador gaviota  09/Diciembre/2017 14:09
A propósito del perdón:
Leyendo los post publicados sobre la cuestión,me parece observar la clásica dicotomia entre el deber ser(con toda la subjetividad idealizadora que subyace en el enfoque)y lo que en verdad(como hecho)es o ha sido.
En este sentido,a nadie se le escapa el divorcio que suele existir entre todo ideal y la cruda realidad del humano comportamiento y la frecuencia con la que olvidamos que no todos comparten ni los mismos ideales ni lo que me atrevo a llamar nobleza de alma,a la hora de reconocer los errores cometidos.
Teorizar sobre esta materia me parece que se aproxima mucho a un brindis al sol,pues,al final,lo realmente vivo es la experiencia que cada uno haya tenido al efecto,o los riesgos que esté dispuesto a asumir.
Para ser honesto y por lo que a mi respecta(con la perspectiva que dan los 23 años transcurridos desde que tuve la mia)diré que mucho cuidado con acercarse a los cocodrilos, engañados por sus lágrimas;no os ocurra que estén esperando con las fauces bien dispuestas, para,cuando menos,intentar volver a devoraros.Y, pensad que si en vuestra juventud pudisteis salir relativamente bien librados de la acometida,a cierta edad la carne puede tardar algo más en cicatrizar,ante todo y sobre todo por lo inesperado del ataque,cuando en vosotros solo primaba la buena voluntad.
Cordiales saludos.   Resp.
 

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