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16 Enero 2018

¡Salva tu intimidad!

La Santa Doctrina del Compartir
Por JOSÉ LUIS CANO GIL
¿Qué es un huevo? Ya lo sabemos. Es una célula gigante (yema) protegida por un fluido (clara) y, sobre todo, por una membrana más o menos resistente (cáscara). Cuando reventamos una yema o batimos varias de ellas, lo que hacemos es reducir las antes células diferenciadas (pollitos potenciales, si aquéllas estuviesen fecundadas) a una amalgama, una emulsión, una mera sopa de elementos orgánicos... Muy útil, desde luego, para hacernos una tortilla.

Análogamente, ¿qué es nuestro yo? ¿A qué llamamos nuestra identidad, nuestro ser, incluso nuestra personalidad? Con permiso de Freud y Ken Wilber, podemos decir que tu ser tiene un núcleo (todo aquello que sientes, piensas, haces y consideras que es "tuyo" o forma parte de ti -p. ej., tu cuerpo, tu familia, tu terruño-). Ésta es tu "yema". Y tienes también un sistema de defensas psicológicas que protegen a tu núcleo no sólo de los peligros externos, sino incluso de tus ansiedades internas. Es tu "cáscara". O sea que todos somos huevos. Y, como tales, haríamos bien en cuidarnos mucho para que nadie, rompiendo nuestras cáscaras, pudiera acceder a nuestras yemas para dañarlas de muchas maneras. Porque si destruyen tu núcleo, dejas de ser tú mismo. Ya no eres nadie. Mueres psicológicamente.

Una de las defensas típicas que forman nuestro "caparazón" es el sentido de la intimidad. El sentido de la intimidad es un conjunto de elementos (p. ej., el pudor, la vergüenza, el amor propio o "dignidad", la agresividad autodefensiva, etc.) que cumplen una doble función. Por un lado, nos separan prudencialmente de los riesgos externos. Y, por otro, mantienen a raya nuestros propios conflictos internos, algunos de las cuales, si escaparan al exterior, podrían perjudicarnos. De este modo, nuestro sentido de intimidad actúa como una válvula reguladora de todo lo que dejamos entrar y salir de nosotros mismos. Exactamente como las membranas celulares. Gracias a ello, la convivencia es el arte de los millones de yoes/huevos de relacionarse entre sí cuidadosamente -"respetuosamente", diríamos- a través de sus respectivos sentidos de la intimidad, a fin de que ningún yo/huevo resulte dañado.

Ahora bien, la civilización no quiere eso. Muy al revés, lo que nuestras familias, nuestros educadores, nuestros políticos, nuestras supertecnologías, etc., desean es, vulnerando nuestros caparazones, acceder cuanto antes a nuestros núcleos para inyectarles todo tipo de sustancias "extrañas"... que los destruyan sin remedio. Hasta hoy, las formas típicas de hacerlo habían sido mediante la violencia, el lavado religioso y político de cerebros, y la manipulación permanente a través de los medios de comunicación de masas. Pero estos métodos resultaban demasiado explícitos, caros, desagradables y no siempre eficaces, pues muchas personas lograban resistir o eludir la propaganda. ¡A menudo bastaba con apagar la radio o la televisión! Así que dieron la vuelta a la idea y decidieron que la gente misma, por su propia voluntad, competiría, se desviviría por abrir las puertas y ventanas de sus vidas a sus dominadores. Y para ello inventaron... la Santa Doctrina del Compartir.

La Santa Doctrina del Compartir es una creación genial que, explotando a fondo las soledades, narcisismos y envidias de la gente, así como poniendo en sus infantiles manos bellísimos y adictivos juguetes supertecnológicos, consigue muy fácilmente lo que siglos de control explícito no lograron jamás: colonizar a gran escala la vida íntima de los individuos. Vaciar sus mentes. Disolver sus identidades veinticuatro horas al día... ¡robándoles de paso ingentes sumas de dinero y haciéndoles sentirse libres y felices por ello! La Santa Doctrina del Compartir, que se inicia en las guarderías ("¡comparte tus juguetes con los otros niños!"), nos repite sin descanso, como sabemos, que facilites no ya a tus parientes y amigos, sino a millones de desconocidos de todo el mundo toda clase de informaciones sobre lo que piensas, lo que sientes, lo que haces, lo que deseas, tus amores, tus hijos, tus trabajos, tus amistades, tus fiestas, tus viajes, tus compras, tus datos personales, tu casa, tus fotos, tus creaciones, tus enemigos, tus comidas, tus horarios, tu ubicación geográfica en cada instante, tus películas favoritas, tus fantasías, tus proyectos, tus traumas, tus alegrías.... ¡TODO! Y no sólo día y noche, sino ahora mismo, ¡ya!, para que ni siquiera tu tiempo te pertenezca... La Santa Doctrina del Compartir es, así, una obra maestra de la ingeniería psicológica, la brillante fase final de ese afán orwelliano que, consciente o inconscientemente, anheló siempre acabar con la individualidad humana. (1)

¿Cómo destruye exactamente la Santa Doctrina del Compartir? Muy sencillo. Las megatecnologías que proporciona (en la práctica, máquinas conectadas a redes virtuales anónimas llamadas "sociales") generan en las personas efectos psicológicos no muy distintos (presiones, controles, dependencias, anulación psíquica, detención de la maduración emocional e intelectual) de los que causan los grupos reales de carácter más o menos tóxico o autoritario (ya sean de tipo familiar, social, empresarial, religioso, político, etc.). (2) Cualquier red anónima, donde todos se observan frenéticamente hasta el más mínimo detalle, opera como un lúdico pero opresivo "gran hermano" del que no sólo se depende continuamente, sino a cuyo servicio se debe vivir. Es un "simpático" tirano que todo lo da y todo lo quiere. Sólo cabe aplaudir y participar una y otra vez en su vorágine de informaciones sin cuestionarlas ni abandonarlas, so pena de sufrir un fuerte rechazo por parte de la masa anónima. Así que los individuos no tienen tiempo -y van perdiendo las ganas- de explorar, de contrastar por su cuenta otras fuentes de conocimiento, o de profundizar en éstas íntimamente (p. ej., leyendo libros con detenimiento). Se limitan a beber exclusivamente del río incesante de tópicos, titulares, opiniones, eslóganes, resúmenes, emociones, imágenes, rumores, datos inconexos, informaciones contradictorias y otras distracciones que, bajo la apariencia de "libertad de expresión", "dinamismo social", etc., en realidad imposibilita tales cosas. Porque la red virtual acaba volviéndose más importante que sus propios miembros y, por supuesto, más interesante que la vida misma.

Los contenidos de las redes anónimas tienden a ser, por todo ello, masivos, esquemáticos, generalmente triviales y, en consecuencia, cada vez menos inteligentes. Por otro lado, pese a todas las apariencias, ¿quién puede realmente creer, confiar, comprometerse de verdad con una red de desconocidos? Sólo puede simularse. De modo que las redes virtuales tienden a potenciar exactamente lo contrario de lo que defienden, es decir, favorecen la ignorancia, la desvinculación emocional, la desconfianza, la apatía, la agresividad de las personas. Y lejos de promover su "libertad", refuerzan su gregarismo, su pasividad, su miedo a la vida, sus neurosis, sus aspectos psicóticos, su banalidad intelectual y espiritual. Las redes virtuales son, en otras palabras, una sucesión de entretenimientos, un interminable videojuego, un parque definitivamente infantil donde las personas, confundidas y creyéndose más vivas y libres que nunca, acaban convertidas en personajes de su propia fantasía. Por eso son más vulnerables y manipulables que nunca. Y por eso la red social es, en mi opinión, el más astuto, acabado y eficaz invento hasta hoy del totalitarismo humano.

Resumamos. Primero se inventa la Santa Doctrina del Compartir. Para ejecutarla se desarrollan las "inocuas" supertecnologías y sus redes virtuales. Con ellas se invade y, de hecho, se anula el sentido de intimidad y autoprotección de  las personas. A continuación se sustituyen los núcleos, las "yemas" de cada individuo, por la "pasta" amorfa que fluye día y noche por los circuitos anónimos. Millones de sujetos, antes con vida y autonomía propias, se van convirtiendo en fantasmas de su propio videojuego... Y, finalmente, el colectivo de antiguos yoes libres acaba deviniendo un colosal magma de huevos batidos(3)

¿Qué podemos hacer? A mi entender, la única forma de limitar el progresivo deterioro mental, emocional, cultural y espiritual al que nos empuja el tecnofascismo es, obviamente, participar lo menos posible en él. Y, sobre todo, concienciar, reivindicar, promover, defender a toda costa nuestro sentido de la intimidad. Cultivar a fondo nuestra capacidad de dignidad, de pudor, de amor propio, de privacidad, de individualidad, de confidencialidad, de autorrespeto, de "territorio interior". Porque nadie que no merezca nuestra plena confianza tiene derecho a acceder a dicho territorio. Ningún argumento puede justificar su violación. Nuestro espacio psíquico es nuestro yo, nuestra esencia, la yema, la sede misma de nuestro ser único, autónomo e irrepetible. ¡Por eso es sagrado! Si no recuperamos todo esto, si no lo revalorizamos y defendemos con todas nuestras fuerzas, nada podrá evitar que tarde o temprano todos acabemos reducidos -y nunca mejor dicho- a meros cascarones vacíos.

__

1. No es fácil saber, ni importa ahora demasiado, si este diseño fue expresamente planeado por determinados grupos de poder (hipótesis "conspiranoicas"), o si es el resultado inevitable del choque de innumerables fuerzas históricas. Lo relevante es que el resultado es el que es, y debe ser cuestionado. 

2. Nunca deberíamos evaluar un producto cultural (en este caso, las magatecnologías) por los buenos propósitos con que se nos presentan o sus posibles ventajas a corto plazo para ciertas personas o grupos, sino por sus efectos reales a largo plazo sobre toda la humanidad en todas sus vertientes (social, ética, psicológica, espiritual...), e incluso sobre el planeta entero. Por ejemplo, las energías fósiles (petróleo y derivados) son excelentes para el desarrollo económico de los países occidentales, pero nocivas a largo plazo a escala planetaria (contaminación, enfermedades, destrucción ecológica, cambio climático). La informatización del mundo aumenta la producción, mejora los servicios y abarata los costes, pero aumenta enormemente el desempleo, daña la competencia y facilita la neoexplotación... Etcétera. Obviamente, el lado oscuro de la tecnología nunca será mostrado por la propia tecnología, cuyos agentes necesitan imponerla a toda costa. Sólo la madurez emocional, la lúcida desconfianza, el pensamiento crítico independiente puede -y debe- atreverse a inspeccionar qué se oculta dentro de los bonitos Caballos de Troya. Siempre, siempre, como reza un aforismo zen, "la oscuridad reina a los pies del faro". 

3. La intimidad, nuestra vida secreta, las acciones inconfesables, lo que ocultamos a las demás por doloroso, humillante, prohibido, etc., las mentiras con que protegemos todo aquello que no queremos mostrar, etc., todo ello es tan indispensable para nuestra salud mental individual y social como las verdades, el amor y la sabiduría que necesitamos para sobrevivir. Una ciudad sin sumideros ocultos, donde los detritus fluyesen a plena luz, sería indistinguible de una gran cloaca. De ahí, por ejemplo, la enorme conflictividad de nuestro tiempo, basado como sabemos -entre otras cosas- en la continua "des-alcantarillación" de toda clase de excrementos. 


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7 comentarios
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 Laura  17/Enero/2018 06:29
Buen articulo.

Resumiendo, nos han vendido la consabida "autoestima" como animal de compañia, cuando este termino tiene mas oscuros que claros, y por contrapartida han arrinconado el "auto respeto", clave para nuestra salut mental.

Diferencias entre los dos conceptos, ( se perfectamente que el autor del bloc sabe la diferencia), va dirigido a sus lectores.

Autoestima: proviene del latín “aestumare”, que significa valorar, juzgar y apreciar, es decir es la manera de evaluarnos.
Es una medida que hemos interiorizado sobre la valía que los demás nos adjudican. Significa que nos estimamos a nosotros mismos, pero si cometemos errores o no cumplimos con nuestras expectativas y las de los demás, dejamos de gustarnos y sufrir una baja autoestima.

Autor espeto: no depende ni del éxito ni de nuestros errores, debido a que no es el resultado directo de la comparación con los demás.
El respeto propio significa que nos aceptamos con nuestras limitaciones y errores. Las personas que desarrollan el auto respeto son menos propensas a dejarse influenciar por opiniones ajenas, ser víctimas de manipulación, y/o experimentar el sentimiento de culpa.   Resp.
 Titilandum  17/Enero/2018 11:57
Gracias por el post.

Tengo algunas preguntas/observaciones:

1) ¿La terapia no consiste en "romper la cáscara" del paciente y en acceder a su núcleo? Obviamente, no para dañarlo, sino para "cuidarlo".

2) Existe cierta letanía, por llamarla así, que repite la necesidad de desprenderse de miedos e inseguridades, y por tanto, no ocultar nada a los demás. Es decir, que la propuesta de liberarnos de las corazas que utilizamos para proteger nuestra "yema" (y así, ser más felices), se convierte en el imperativo de no protegernos en absoluto, de no tener ningún secreto, de compartirlo todo.

Me encantaría que matizaras más adelante (si no lo has hecho) la relación entre intimidad, neurosis, y salud.   Resp.
 JLC  17/Enero/2018 12:34
(A Titilandum) Te respondo. :)

1) Efectivamente. Aunque más que "romper", sería más bien invitar al sujeto a que abra desde dentro una pequeña "ventana" de acceso...

2) La clave es que nuestras defensas son, como dice el post, una "válvula reguladora de todo lo que dejamos entrar y salir de nosotros mismos". La "salud" (o intimidad saludable) implicaría entonces una coraza ni muy permeable ni muy blindada; digamos que "regulable" a voluntad según qué y según con quién. En las neurosis, en cambio, esa "válvula" suele funcionar de modos extremos, compulsivos, inestables, inapropiados, etc.

Un saludo, Titilandum.   Resp.
 Tatum  19/Enero/2018 12:56
Completamente de acuerdo con el artículo.

Supongo que muchos conoceréis lo que se está haciendo últimamente en la mayoría de empresas que ofrecen productos y/o servicios: la aplicación del llamado "Big Data".

Por poner un ejemplo, lo que se hace es obtener información de los usuarios -en muchas ocasiones esa información se adquiere de unas empresas/organismos/páginas web a otras- con el fin de obtener perfiles de compra e intereses de todos nosotros y ofrecer, de esta manera, productos adaptados a "nuestros gustos".

Lo que a primera vista podría parecer una ventaja es, en mi opinión, si se hace mal uso (que estoy seguro que mal uso se va a hacer por puros intereses socio económicos), un sistema que favorece el control de masas, y que fomenta, además, la estandarización más absoluta, entre otras cosas.


Un saludo.   Resp.
 JLC  19/Enero/2018 20:49
He añadido una nota 3 que considero importante.

Y es que las funciones de la mentira, la ocultación y los secretos son tremendamente complejas. Por un lado, pueden ser causantes de neurosis, etc. Pero, por otro, contribuyen a prevenirla y a evitar la desintegración individual y social.

De modo que la verdad y la mentira, la intimidad secreta o la sinceridad sin secretos, etc. a veces son buenos y convenientes, y a veces no. Sin duda lo sabio sería distinguir las diferencias y aplicarlas con cordura.

Un saludo.   Resp.
 Héctor Cantó  19/Enero/2018 21:20
Me ha venido a la cabeza el documental 'Citizen Four' que relata las peripecias de Snowden y un equipo de periodistas para revelar la descomunal violación a la intimidad propugnada por la NSA en Estados Unidos y el mundo.

Lo recomiendo encarecidamente.   Resp.
 Alguien  31/Enero/2018 20:44
Tampoco hay que olvidar que las personas participan en este tecnonarcisismo de forma voluntaria, nadie les obliga y la mayoría son adultos. Una de las características de la sanidad emocional es el responsabilizarse de sus actos, sobre todo cuando ya van advertidos con aquello de que "En Internet si el servicio es gratis el producto eres tu"   Resp.
 

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