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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

 

El TOC es un buen ejemplo de cómo el inconsciente suele vencer por "goleada" a nuestra voluntad y nuestro sentido común. 

El síntoma obsesivo-compulsivo consiste, como sabemos, en la invasión frecuente de ciertos sentimientos e ideas (p. ej., miedo a contagiarse, dudas sobre algo ya realizado, pensamientos inconfesables, deseo de hacer daño a otros, etc.), los cuales, pese a su índole aparentemente absurda, resultan invencibles y producen una ansiedad insoportable. Por eso, para aliviarla, el sujeto realiza inmediatamente algún acto igualmente  absurdo  y  compulsivo (que llamamos ritual o, popularmente, manías) como, p. ej., repetir una y otra vez determinada acción, lavarse las manos,  limpiar, reordenar, contar, recitar frases de carácter "exorcizador", etc. Ambas fases del síntoma, la idea obsesiva y el ritual  neutralizador, son igualmente incontrolables, frecuentes y extenuadores, y pueden llegar a condicionar muy seriamente la vida del sujeto. La diversidad de obsesiones y rituales es muy grande.

Una persona sufre la idea obsesiva de estrangular a su pareja, lo que le hace sentir monstruosa. A otra le mortifica la obsesión de que sus niños puedan morir atropellados. Otra evita tocar nada en sitios públicos para no contagiarse de alguna enfermedad. Otra teme sin cesar las posibles reacciones de los demás a todo lo que dice y hace. Otra no puede soportar el desorden ni que las cosas cambien de sitio. Otra duda con angustia durante días si devolver un teléfono nuevo a causa de una rayita imperceptible en su parte posterior... Y todas se defienden de tales obsesiones como pueden: mediante un gesto de la cabeza, una frase ritual, una nueva comprobación, un lavado de manos, cavilando sin fin, haciendo esto o aquello... Y así continuamente. Todas se avergüenzan y se sienten absolutamente esclavas de sus manías.

Psicodinámicamente, los síntomas obsesivo-compulsivos pueden surgir de distintas profundidades. Por ejemplo:

  • pueden ser, hasta cierto punto, meros disipadores de ansiedad. P. ej.,  si estoy enfadado, quizá me muerda las uñas o me ponga a fregar compulsivamente. Si me siento amenazado en el trabajo, quizá me vuelva obsesivamente ordenado. Etc. (Esta clase de tocs también los vemos en animales).
  • pueden evidenciar conflictos/represiones emocionales específicas que, en vez de expresarse y resolverse libremente, se disfrazan, como todo síntoma neurótico, de formas más o menos simbólicas. (Como en los sueños).
  • pueden brotar, más hondamente aún, de psiquismos muy inmaduros. P. ej., una persona extremadamente narcisista, desde sus necesidades inconscientes de control absoluto, puede ser agónica e incluso tiránicamente perfeccionista.
  • etc.

El TOC deja, en fin, de parecernos tan extraño e incontrolable cuando, como hacemos con cualquier forma neurótica, descubrimos y aliviamos las tensiones emocionales subyacentes que lo originan.
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Noviembre, 2012
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