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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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El amor romántico

Enamorarnos no es amar

 

1. ¿Por qué se casa la gente?

Desde el observatorio privilegiado de la terapia psicodinámica, podemos descubrir la enorme cantidad de relaciones "equivocadas" que existen. Parejas que, poco después de casarse, o tras el nacimiento del primer hijo, languidecen, entran en crisis latente o abierta, se deterioran progresivamente en forma de distanciamiento, infidelidades, malos tratos, separaciones... A pesar de ello, si se les pregunta, a menudo insisten en que se "quieren", siguen "enamorados", etc., aunque no saben precisar en qué basan su amor, qué aspectos mutuos les unen y les separan, etc. Parecen compartir, en fin, una fantasía.

Muchos matrimonios son psicodinámicamente un malentendido. Un accidente causado no ya por la incompatibilidad de sus respectivas neurosis y caracteres, sino por la ceguera ocasionada por ese opio cultural que llamamos romanticismo. Un veneno que "enamora" a muchas parejas, que creen que enamorarse es credencial suficiente para casarse, tener hijos y garantizarse un futuro. ¿No nos lo han repetido hasta la saciedad, en efecto, Hollywood, los poetas, la religión, etc.?

Pero el romanticismo es un delirio. Consiste más en amar la propia idea de amor, un cierto modelo ingenuo y sentimental de amor, que en ver y aceptar a la otra persona tal como es.  Esta idealización nos protege, además, de las dolorosas verdades de nuestra relación... Cuando, tarde o temprano, descubrimos que la realidad del otro/a no coincide en absoluto con nuestras fantasías, una dolorosa decepción nos carcome el corazón y comenzamos a desear incluso la ruptura... Obviamente, todo podría haberse prevenido si en nuestro vínculo hubiese habido menos enamoramiento y más lucidez. En otras palabras, el amor romántico es, pese a su universal popularidad, una forma de alienación. Un síntoma neurótico que, lejos de ayudarnos a ser más felices, obstaculiza nuestras relaciones íntimas.
 

2. Romanticismo: idolatrando la idolatría

Podemos observar el romanticismo desde su lado psicológico y también desde su vertiente cultural. 

1. Lo psicológico. El enamoramiento es una mezcla de fenómenos psicodinámicos conscientes e inconscientes, variables en complejidad según cada sujeto y circunstancia. Entre ellos:  

  • la idealizacion/realización de nuestro deseo sexual;
  • la idealización de nuestra admiración/envidia;
  • nuestra identificación con los aspectos del otro/a afines a nosotros mismos;
  • la proyección de nuestros aspectos positivos reprimidos sobre la otra persona, con la que luego nos identificamos;
  • nuestras dependencias emocionales;
  • la complementariedad de estructuras neuróticas (p.ej., dominio-sumisión, superioridad-inferioridad, etc.);
  • el narcisismo omnipotente (p.ej., el poder de seducir, controlar, ser halagado/a, etc.);
  • las repeticiones edípicas ("¡él/ella se parece muchísimo a mi padre/madre!");
  • la idealización de necesidades ajenas a la propia relación (p.ej., de seguridad económica, integración social, etc.)
  • imitación sociocultural
  • etc.

Obviamente, cuanto más numerosas,  poderosas y/o inconscientes son estas dinámicas, más "irracionalmente" (apasionadamente) nos enamoramos. Y más lejos estamos del amor. Porque nuestra propia euforia nos impide conocer y conectar objetivamente con la otra persona, en la que sólo vemos nuestra propia nube multicolor de expectativas y necesidades.

2. Lo cultural. La noción de amor romántico surge en Occidente a partir del siglo XI, con el "amor cortés", y se difunde al máximo en el siglo XIX como una expresión más del individualismo y la emancipación social de la época. Superados los viejos absolutismos y puritanismos, con su represión sexual, los matrimonios concertados, etc., la gente anhela libertad para "amar" según sus propios sentimientos. Ello es tan placentero y asequible a todo el mundo que la moda se impone rápidamente, con la ayuda de todos los medios socioculturales. Se idolatra el enamoramiento confundiéndolo con el amor. Se dice que sólo si tu relación comienza con un romance será amor "verdadero", te hará "feliz", durará para "siempre", etc. Así, el romanticismo acaba resultando una especie de pornografía emocional destinada a encubrir las carencias amorosas de la gente y sustituirlas por euforias superficiales. 
 

3. ¿Y el verdadero amor?

A diferencia del enamoramiento, el amor real no surge de ninguna fantasía neurótica, sino de nuestro genuino conocimiento del otro/a. Esto lo vemos claramente, p. ej., en la amistad. O en las buenas relaciones entre padres e hijos. Etc. En tales casos, no queremos a los demás porque nos hayamos enamorado ciegamente de ellos, sino porque los conocemos muy bien, nos gustan tal como son, y por eso mismo merecen toda nuestra confianza y vinculación. No necesitamos seducirlos, ni manipularlos, ni poseerlos, ni dominarlos, ni cambiarlos según nuestros intereses. No nos invaden -por eso mismo- extraños sentimientos de desamparo, ansiedades, celos, iras, etc. respecto a aquéllos. No. Simplemente nos encanta compartir con tales personas lo mejor de nosotros mismos. Dicho de otro modo,  la gente madura no se enamora desde su neurosis, sino que ama desde su consciencia. 

Pero aquí surge una paradoja. Así como el enamoramiento romántico no es, ni conduce necesariamente al amor, las personas que aman... ¡sí pueden terminar enamoradas! Pero en otro sentido del término. Como, p.ej., cuando decimos "estoy enamorado de mi profesión". O "estoy enamorado de mi jardín". O "estoy enamorado de mis hijos". Etc. Lo que queremos significar con ello es que nos sentimos profundamente unidos, enternecidos, comprometidos con algo o con alguien, de todo corazón. Nada que ver con la euforia romántica. Y nada ajeno, por otra parte, a las inevitables diferencias, conflictos y momentos dolorosos que forman parte de cualquier relación humana... Pues el amor, como señaló magistralmente Erich Fromm, no consiste en compartir placeres y entusiasmos, etc., sino en el  arte de crecer juntos.


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© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Octubre, 2011
Revisión: Abril, 2015

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