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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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La ansiedad homosexual

 

Todos poseemos una menor o mayor "parte" de homosexualidad. Cuando ésta es predominante y además la practicamos decimos que somos gays o lesbianas. Si las fracciones homo y hetero son más o menos similares lo llamamos bisexualidad. Muchas personas reconocen tales psicodinámicas incluso desde niños; otras son totalmente inconscientes de ellas (son bisexuales u homosexuales sin saberlo). En el término medio están las que lo sospechan, pero no se atreven a reconocerlo ante sí mismas ni, mucho menos, experimentarlo. Son las personas que tienen miedo de ser homosexuales.

A menudo, el propio miedo es una defensa, un indicio de que "algo hay". Pero, otras veces, sobre todo cuando hay fuertes inseguridades, prejuicios educativos o religiosos, etc., dicho miedo puede ser exagerado, un "falso positivo". Puede incluso resultar obsesivo, retroalimentarse, dificultando así la identificación de la verdadera magnitud de nuestra fracción homosexual. De hecho, no habrá manera de descubrirlo hasta que estemos en condiciones de  aceptar con naturalidad y amor cualquier verdad sobre nosotros mismos.

La principal razón de la ansiedad homosexual -sobre todo en la mediana edad- es que supone un vuelco del yo, el derrumbe de una identidad que suponíamos inamovible y con la que estábamos totalmente familiarizados. Descubrir el posible predominio secreto de nuestra homosexualidad significaría una pérdida abrumadora, un grave duelo, un doloroso sentimiento de vida "perdida",  con la necesidad de empezar "desde cero"... O quizá no.

Porque descubrir nuestro lado homosexual no equivale necesariamente a "convertirnos" en gays o lesbianas. Quizá nuestra homosexualidad no sea tan predominante. En todo caso, el aceptarla nos ayudará a comprender ciertas fantasías eróticas que antes nos angustiaban. Nos ayudará a relacionarnos sin temor con ciertas personas de nuestro sexo que antes nos causaban "preocupantes" aprensiones. E incluso nos animará a no cerrar la puerta a cualquier posible experiencia íntima con aquéllas... Si nuestra homosexualidad es ciertamente significativa, entonces ya sólo necesitaremos un poco más de tiempo y autoestima para incorporarla a nuestro nuevo yo.

Por otro lado, la psicodinámica de la homosexualidad es movediza. Puede comenzar en la infancia o la adolescencia pero, en mi opinión, hasta más allá de los 20 años no comienza a estabilizarse. También puede variar según nuestras circunstancias, el éxito o fracaso de nuestras experiencias heterosexuales, el peso narcisista de nuestra personalidad, etc. Otras veces, por supuesto, la preferencia homosexual es inequívoca desde siempre.

Sobra decir que la homosexualidad no es ninguna enfermedad (ningún fenómeno psicodinámico lo es), ni tiene ningún sentido "combatirla". Al revés. Si queremos conocernos a nosotros mismos, amarnos, crecer interiormente, resulta indispensable no sólo explorar nuestro lado homosexual, sino reivindicarlo. Aunque es imposible ser 100% "hetero" u "homo", creo que descubrir y aceptar cualquier magnitud  de ambas orientaciones en nuestro ser nos enriquece, nos completa, amplía enormemente nuestra gama de afectos y experiencias.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Febrero/2013
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