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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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¿Cambio o transformación?

 

Si tienes un libro y lo cambias de lugar, sigues teniendo un libro. Si cambias mil libros de sitio, continúas teniendo mil libros, sólo que organizados de otro modo. ¿Y si tienes un millón de libros? Tendrás una gran biblioteca... pero no más que esos mismos libros. Ahora bien, si una semilla germina en tu jardín y se ha convertido en un bello arbolito. O si ciertas orugas se te han mudado en mariposas. O incluso si un bebé se convierte en Mozart o Buda, ¡eso sí son verdaderos cambios! Transformaciones. Lo primero fue sólo movimiento, multiplicación, redistribución de las cosas. Lo segundo, metamorfosis. Mutación cualitativa de unos seres en otros.

Pongamos otra serie de ejemplos. Si pintas cuadros y sólo tienes pintura blanca, obviamente sólo podrás pintar figuras blancas. Si sólo tienes pintura roja, nada más podrás pintar en rojo. Etcétera. Pero si quieres pintar un gran paisaje multicolor, necesitarás muchos tubos de todos los colores... Esto, que parece tan elemental, es, sin embargo, increíblemente olvidado por millones de personas en todos los ámbitos: psicoterapia, espiritualidad, política... Pues, al parecer, todos quieren "cambiar" las cosas (a sí mismos, al mundo), crear nuevas realidades, sin disponer de los "colores" necesarios para ello. O sin realizar las indispensables metamorfosis.

Lo igual no puede lograr lo distinto. Lo igual sólo puede transformarse... o no transformarse. Por eso, en general, las personas no cambiamos. Nos limitamos a "reagrupar" de mil maneras los elementos psíquicos que adquirimos en la infancia. Disimulamos unos, potenciamos otros, y con ello vamos creándonos máscaras adaptadas a nuestras sucesivas edades, a las progresivas exigencias sociales. Lejos de cambiar, repetimos secreta y continuamente lo que siempre fuimos. Nos "autoclonamos". Llamamos a dicho fenómeno "personalidad" y, cuando es doloroso, "neurosis". La mayoría de clones son neuróticos. Y de ahí que el mundo, esa gran muchedumbre de clones, apenas varíe con los milenios. 

Pero hay excepciones. Algunos individuos sí pueden cambiar; mejor dicho, transformarse. Como el arbolito, las mariposas o el bebé de nuestros ejemplos. O como el artista que al fin dispone de una gran paleta de colores para, más allá de su neurosis, "crear", desarrollar nuevas formas de ser. Lo llamamos maduración. Crecimiento personal. ¿Cómo pueden conseguirlo? Se trata de un largo y difícil proceso interior que requiere amor, lucidez, espontaneidad, coraje, autonomía, responsabilidad... No es muy frecuente, pero sí es posible. La principal razón por la que millones de personas evitan dicha maduración es, por un lado, las violencias de todo tipo que sufren desde niños desde todos los ámbitos (familiar, social, etc.). Y, por otro, el proverbial narcisismo humano.

El crecimiento de las personas genera muchas cosas. Más felicidad, amor y libertad, por descontado. Pero también, por lo mismo, la inevitable metamorfosis del propio mundo. Porque las personas transformadas son mucho más que meros "ejemplos" a seguir; son ya tejido nuevo, células vivientes de esa nueva realidad que todos soñamos. No se trata, pues, de "imitar" los modos de pensar y actuar de las personas maduradas, etc., sino de serlo. Se trata de realizar nuestra propia transformación. De otro modo, todo cuanto hagamos seguirá siendo simulacro, hipocresía, fracaso.

Mientras sigamos confundiendo el cambio con el crecimiento, o desvariando que el primero puede pasar como sucedáneo del segundo, la trágica mascarada de los clones continuará. Y, tanto en lo individual como en lo social, difícilmente mejoraremos.
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Septiembre/2015
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