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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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La gratitud

 

La gratitud es una forma de amor. Una especie de amor de "retorno". Es un modo espontáneo de devolver o "pagar" con amor el amor previamente recibido. Se trata, en última instancia, de un amor compartido.

La gratitud no es solamente un sentimiento. Como toda forma de amor, se expresa también, se demuestra explícitamente mediante palabras y acciones. La gratitud implica dar. Por otro lado, no hay que confundir el genuino agradecimiento con el deber, la vergüenza o la culpa, motivos por los que muchas personas fingen, se sienten consciente o inconscientemente obligadas a ser "agradecidas". No. La verdadera gratitud nace de la alegría de haber sido amados; de la poderosa generosidad de estar llenos de amor aquí y ahora. La gratitud dice: "¡me entusiasma darte amor porque lo mereces y lo tengo!".

Pero, ¿qué sucede si fuimos poco amados? Entonces no dispondremos de suficiente amor para retornar. Estaremos casi vacíos. Nos volveremos "ingratos". La ingratitud consciente o inconsciente -no sólo, p. ej., hacia los padres o  la familia, sino hacia el mundo en general- se convierte, así, en un rasgo de personalidad.

El desagradecimiento es la consecuencia y el síntoma de profundas carencias afectivas. A menudo forma parte de eso que los psicoanalistas llaman "fijación oral", una inmadura e imperiosa necesidad de millones de personas de sólo recibir, esperar, exigir del mundo más y más. Su orientación fundamental es succionar pasiva e ilimitadamente de los demás, como bebés ávidos e insaciables, con el menor esfuerzo posible y a cambio de casi nada. Se trata, p. ej., de pedir siempre, ganar, gratificarse, aferrarse, abusar, aprovecharse, hacer trampas, envidiar, codiciar...  Veamos algunos ejemplos.

En 1990 se realizó un curioso estudio en la catedral de Barcelona. Se observó, p. ej.,  que el 93% de las personas que compraban velas a sus santos favoritos para pedir o agradecer favores, curaciones, etc., y aunque se vendían candelas de todos los precios, sólo adquirían las más baratas, las de un precio equivalente al de un periódico de la época. ¡En tan poco estimaban los favores de sus protectores celestiales! (1).

También vemos la ingratitud en esa fascinación de tantas personas por las rebajas y todo lo que es barato o de balde. El afán acaparador. La afición por las apuestas y loterías. El victimismo demandante. La adicción a internet -esa inmensa "Teta" proveedora de toda clase de servicios y entretenimientos gratuitos- (2). Las picardías y corruptelas de todo tipo...  Etcétera.

Si queremos, en fin, personas y sociedades con más capacidad de amor y gratitud, necesitamos infancias mucho más amorosas. Necesitamos terapias que ayuden a la gente a madurar, a superar en lo posible sus fijaciones orales. Necesitamos valores que potencien la conciencia, los vínculos, la responsabilidad. De otro modo, el mundo seguirá siendo una despiadada guerra de corazones sin amor. Sin agradecimiento. 

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1. "El animal humano", Enrique Alonso de Medina, 1991 

2. Muchos administradores de sitios web (periodistas, psicólogos, informáticos, blogueros, activistas de todo tipo.), que ofrecemos toda clase de productos, informaciones o servicios altruistas a millares de personas, conocemos bien la escasa disposición de éstas a realizar donaciones de agradecimiento. (En mi caso, a lo largo de 13 años sólo he recibido 9... entre ellas una de ¡1 euro!) 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Julio/2014
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