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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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Pensamiento e inteligencia

 

Siempre me han asustado esas personas que defienden coléricamente sus opiniones o se jactan de no haber cambiado de ideas "jamás". ¡Qué horror! O esas otras que repiten sin cesar que el hombre, como piensa, es por ello el animal más "inteligente" de la Evolución... Todo ello me parecen formas tremendas de vanidad e ignorancia.

Pensamiento e inteligencia no son lo mismo. Nuestra razón es, de hecho, lo contrario de la verdadera inteligencia. Su sucedáneo. Pensamos precisamente porque no somos inteligentes. Y porque sentimos miedo. La racionalidad, con sus reglas, sus dogmas, sus convenciones, sus prejuicios sobre la realidad, nos tranquiliza. Nos proporciona una ilusión de seguridad y control. Es, en última instancia, una defensa neurótica contra la vida. Por eso nuestro racionalismo, que odia en secreto al mundo, resulta inexorablemente su destructor.

La inteligencia, en cambio, nace de nuestra amplitud de visión. De nuestra sensibilidad, nuestra empatía, nuestra confianza y espontaneidad, incluso nuestro amor por la vida. Nos da (o nos daría), por eso, la oportunidad de armonizarnos mucho más flexible e interactivamente con todos los seres. De fluir con ellos en una exitosa supervivencia de todos a largo plazo.

El pensamiento no surge de la cabeza, según nos dicen. Surge del corazón. Según sentimos, así pensamos. Un corazón roto o enfermo sólo producirá ideas rotas o enfermas. Un corazón feliz mostrará, en cambio, poco interés por los conceptos y estará más atento a lo vivo, lo cambiante, lo creativo, siempre ajustándose espontáneamente a las mil circunstancias. Su mente será curiosa e incluso insaciable pero, a la vez, desapegada, escéptica, contradictoria, sabedora de que cualquier idea no es más que un mapa entre millones de la realidad. ¡Cada sujeto tiene simplemente las suyas!  

Pero hablando de inteligencia, nuestro organismo sí es inteligente. Las plantas y animales sí son inteligentes. Los ecosistemas sí son inteligentes... Por eso pueden convivir más o menos armónicamente durante millones de años. El ser humano sólo parece, en cambio, un primate muy,  muy engreído. Un mono desterrado del paraíso de los instintos a causa precisamente de su mente pensante, la cual sigue alejándolo cada día, más y más, de la inteligencia básica. Por eso es tan desdichado y violento. Por eso es tan... autodestructivo. Sólo, en mi opinión, muchísima más humildad y conciencia podría mejorar nuestro destino.  (1)

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1. Aprendí las diferencias entre pensamiento e inteligencia del budismo zen. Por eso, p.ej., la meditación intenta alcanzar nuevos estados de conciencia restando protagonismo al pensamiento. En Occidente, en cambio, siempre se ha idolatrado al segundo. Incluso nuestro Dios bíblico es fundamentalmente racional/parlante: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan, 1:1). 

 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Noviembre/2010
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