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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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La ley de lo inverso

 

El mar no es sólo lo que vemos, sino también -y sobre todo- lo que no vemos. Lo sumergido. Lo que está por debajo de la superficie, de la línea divisoria de nuestra conciencia. Y lo oculto suele ser asombrosamente distinto de lo evidente. Incluso, a menudo, completamente lo inverso. Hay, en efecto, un principio psicodinámico que podríamos resumir así: "Todo lo que es blanco, en el fondo es también negro. Todo lo que es negro, en el fondo es también blanco."  O sea, las cosas suelen ser, por debajo de nuestra línea de observación, lo contrario de lo que creemos. Por eso precisamente las relegamos (las "reprimimos") ahí. Y, tras haberlas reprimido, decidimos olvidarlo y fingir socialmente lo opuesto.

Por ejemplo: el artista triunfador suele ser, en la intimidad, un gran tímido. El virtuoso oculta extrañas perversiones o deseos. El blanducho esconde una gran fortaleza. El héroe tiene pies de barro. El santón está lleno de odio. El furioso posee una enorme ternura insatisfecha... Y así sucesivamente. En general, cuanto más excesivo es lo evidente, más opuesto suele ser lo secreto. P. ej.: 

- Si un laboratorio gana mucho dinero "curando" a la gente, ¿cuál es su deseo inconsciente? Probablemente que nadie se cure.
- Si un revolucionario lucha fanáticamente contra el tirano, ¿cuál es su deseo inconsciente? Quizá convertirse él mismo en jefe.
- Si un idealista exhibe sin descanso su solidaridad con los pobres, ¿qué desea sin saberlo? Seguramente sentirse "rico" entre ellos.  
- Si un puritano exige "amor" y "rectitud", ¿qué anhela en realidad? Tal vez combatir sus propios odios y defectos. 
- Etc.

Todo lo cual produce extrañas paradojas. Una de ellas es que cualquier esfuerzo extremo en cualquier dirección suele producir, como sabemos, efectos contrarios a los que deseamos. Y tales efectos coinciden o expresan precisamente.... ¡lo que secretamente ocultábamos/deseábamos!

En fin, como dice el refrán, "dime de que presumes...". Cuanto más grueso es el caparazón, más frágil es el molusco. Cuanto más inconfesables o dolorosos son nuestros secretos, más estridentes son las defensas psicodinámicas (proyecciones, desplazamientos, formaciones reactivas...) con que nos protegemos de aquéllos.

Pero está inversión no sólo ocurre en sentido "positivo-negativo", sino también al revés, "negativo-positivo". Por ejemplo, muchas personas que parecen enormemente perjudicadas (p. ej., son adictivas, depresivas, furiosas, autodestructivas), suelen ocultar enormes potenciales de sensibilidad, inteligencia, creatividad, amor, energía... ¡Cuánta gente que parece insignificante, trastornada o problemática es, en realidad, aunque inhibida, enormemente humana, talentosa y productiva! Nada es lo que parece y todo neurótico es, en resumen, una especie de... caracol.

Cada caracol elige, en efecto, su caparazón -grande o pequeño, bonito o feo, gris o multicolor- en función de sus peculiares necesidades defensivas, y también manipuladoras. El problema es que tal caparazón suele resultar demasiado pesado. Demasiado agobiante. El molusco puede incluso llegar a morir de extenuación bajo su carga... O puede en cambio (y esto es lo peor) identificarse con ella. Pensar que sólo es un caparazón... sin "nadie" realmente valioso que lo habite.

Así que toda la cuestión se reduce a lo siguiente: ¿qué clase de moluscos somos? ¿Qué tipos de caparazones usamos? ¿Por qué y para qué los empleamos? ¿Quiénes son de verdad sus vulnerables inquilinos...? Sólo en la medida que lo descubramos podremos liberarnos de tan pesado, molesto e innecesario cargamento.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Julio/2010
© Se admite la reproducción de este artículo, citando al autor y la URL correspondiente.

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