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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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Maltrato infantil y neurosis

 

Toda neurosis de los adultos produce algún tipo y grado de maltrato sobre los niños. Y, a la inversa, todo maltrato sufrido en la infancia produce algún tipo y grado de neurosis adulta... Es una cadena sin fin, un círculo vicioso. Ahora bien, a diferencia de lo que suele creerse, el verdadero maltrato es siempre emocional, crónico y fundamentalmente inconsciente. Laura Gutman lo ha llamado con mucho acierto "violencia invisible". El maltrato físico, verbal, sexual, educativo, etc. no es, por tanto, sino una de las muchas exteriorizaciones posibles de este maltrato invisible. En general, todos los maltratados se convertirán en maltratadores de sí mismos, de sus hijos y/o de otras personas. Y, obviamente, cuanto más precoces, graves, frecuentes y prolongados en el tiempo hayan sido los daños sufridos, así como cuanto menos numerosas hayan sido las defensas y apoyos emocionales del maltratado, tanto más severas y/o duraderas serán sus secuelas neuróticas.

Los tipos de maltrato son infinitos. Abarcan desde las acciones más explícitas y brutales, hasta las más sutiles e insidiosas (aunque no menos destructivas y, sin embargo, mucho más difundidas socialmente). Hagamos una pequeña lista:

violencia física, abuso sexual, abandono, negligencias, humillaciones, críticas, agravios comparativos, amenazas, castigos, represiones emocionales, ira, odio, sentimientos contradictorios, frialdad afectiva, desamparo afectivo, invasión psíquica, simbiosis patológica, sobreprotección, autoritarismo, culpabilización, manipulación, explotación de cualquier tipo, conflictos parentales, adicciones parentales, neurosis parentales (psicosis, narcisismo, depresión, trastornos de personalidad...), etc.

Insistamos en el hecho de que lo nocivo de cualquiera de estos problemas no son tanto sus manifestaciones externas más o menos frecuentes, etc., cuanto sus bases emocionales, principalmente inconscientes, a lo largo de años. Por ejemplo, lo dañino de una bofetada no es la acción violenta en sí, sino la subyacente falta de empatía, aceptación, cariño, respeto, etc. del adulto hacia el niño, que generalmente faltarán también en muchas otras actitudes del adulto (incluso aunque éste sea capaz de controlar su violencia). La mayoría de estas psicodinámicas destructivas suelen resultar inadvertidas incluso para las propias víctimas, de modo que sólo pueden detectarse en el marco íntimo, seguro e indagador de las terapias psicodinámicas.

Lo que caracteriza al maltrato o violencia invisible es el permanente triunfo del maltratador sobre la víctima impotente. Así, como ésta no puede defenderse, escapar ni ser ayudada por nadie, el maltratado vive en un perpetuo estado de desamparo, miedo, ira y culpa, que generalmente quedará reprimido y troquelado en su corazón para siempre. Ésta es la fuente secreta de sus continuos sufrimientos, sus bloqueos madurativos y su neurotización.

Resulta, por tanto, esencialmente imposible afrontar el problema de cualquier clase de maltrato infantil, y también el de los trastornos psicológicos de los adultos, como si ambos fuesen hechos distintos o separados. Por el contrario, ambos son las dos caras de una misma moneda. Por eso, creo que achacar la neurosis humana, como afirman algunas teorías psicológicas, a sólo fallos de crianza, o a sólo valores educativos inadecuados, etc., es arriesgado, pues podría desviar nuestra atención del verdadero problema, que discurre a más profundidad. A saber: que toda neurosis proviene, vía maltrato, de otra. Y que el motor de toda neurosis es inconsciente y crónico. Por ello, si queremos evitar el maltrato infantil y las neurosis adultas, deberíamos aceptar de una vez por todas que ambos problemas son exactamente el mismo.

Temas relacionados:
- ¿Qué es la neurosis? (y 2): El niño maltratado
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© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Noviembre/2011
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