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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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Si el sabio usa un método inadecuado, el resultado será sabio.
Si el necio usa un método correcto, el resultado será necio.
Aforismo chino

 

No culpéis a la víctima

Crítica al programa televisivo "Supernanny"

 

Si un granjero cuida mal de sus animales y éstos acaban enfermando, todo el mundo sabe que el único responsable es él.

Si una empresa o un país marchan mal, todo el mundo acusa de ello a sus malos gestores.  

Si un mal médico deja graves secuelas en su paciente, toda la justicia cae sobre él. 

¿Por qué, en cambio, si unos padres incapaces y/o sin amor crían unos hijos infelices y, por tanto, "problemáticos", casi todo el mundo culpa a los segundos -llamándolos "maleducados", "malos hijos" o incluso "enfermos"-, en vez de responsabilizar a los padres? Es el viejo truco de culpar a la víctima para ocultar la propia agresión. Y esto es precisamente lo que hace, a mi entender, ese famoso y lamentable programa televisivo llamado "Supernanny".

En tal programa, una psicóloga -que ejerce, en realidad, de reeducadora- acude en ayuda de familias caóticas para enseñar a los padres cómo manejar a sus hijos "ingobernables" y recuperar cuanto antes el "control" familiar. No se pretende una comprensión psicoafectiva de la situación, una restauración amorosa de la familia. Lo que se busca es "domar a las fieras" del modo más rápido posible. Las ideas básicas del programa parecen ser las siguientes:

  1. Los hijos son el problema y hay que resolverlo con métodos drásticos.
  2. Debe ignorarse cualquier componente emocional, ya sea consciente o inconsciente, de las relaciones padres-hijos.
  3. Debe ignorarse el sufrimiento de los niños, tanto el desamparo, miedo, ira, desesperación, celos, etc. que motiva sus conductas "inadecuadas", como el causado por la propia "terapia".
  4. Es crucial inculcar en los hijos reglas y hábitos de sumisión basados en premios y castigos.
  5. Cualquier problemática emocional de los padres es secundaria.

Se trata, así, de la misma "pedagogía negra" de siempre, aunque suavizada y maquillada con los métodos "científicos" de la superniñera.

Es verdad que algunos de sus "superconsejos" son útiles, que se señalan algunos errores parentales y que se muestra la necesidad de una mejor comunicación padres-hijos. Pero se exponen más bien como "trucos rápidos" para facilitar los resultados, y no tanto como ejemplo de una indispensable y permanente autocrítica parental. Porque son los padres quienes, en general, más psicoterapia requerirían en la mayoría de esos programas. Psicoterapia para mejorar sus problemas emocionales, de personalidad, de pareja, de trabajo... ¿De qué sirve ofrecerles los parches conductistas de la superniñera, y por cuánto tiempo funcionarán éstos, si las neurosis parentales no se resuelven y ni siquiera se conciencian? Y aunque sí logren reprimir los aspectos más "intolerables" de los niños, ¿cómo evitarán éstos posibles trastornos más sutiles, ahora mismo o en el futuro? (1)

Vemos, p.ej., en muchos de esos progenitores toda clase de dificultades psicológicas: inmadurez, frialdad, debilidad, ansiedades, miedos, bloqueos, hostilidad, depresión, frustraciones, estrés, dependencia hacia los propios hijos... En tales condiciones, ninguna madre o padre puede ofrecer seguridad, cariño, ejemplo, paciencia, sana autoridad, etc.; todo lo que constituye una buena crianza y previene precisamente el "descontrol" de los niños. En cualquier hogar donde falten tales actitudes, y no digamos si además hay desamor, broncas, violencia, etc., los críos se sentirán inmediatamente desvalidos, asustados, atacados, impotentes, desesperados, rabiosos. Absorberán todas las ansiedades y conflictos de los padres. Lucharán celosamente entre los hermanos para obtener cualquier migaja de atención por parte de los padres. Etc.  Y de todo ello resultarán esas espectaculares rabietas y conflictos que tanto "enseñan" a los alarmados teleespectadores. (Por no hablar de la obscenidad que supone el grabar el sufrimiento íntimo de seres humanos como espectáculo para las masas).

No hay que ser, pues, ningún lince para ver que las conductas "inadaptadas" que se muestran son, en realidad, demandas desesperadas de afecto que, desgraciadamente, sólo obtendrán más reprobaciones y castigos. Es un cruel círculo vicioso: cuanto más reclaman amor estos niños, más se les priva de él. Cuanto más sufren, más "terapia" se les aplica. (¡Se interpretan sus berrinches como malévolas manipulaciones contra los padres! [2]). Y los "premios" del tipo "¡oh, qué bieennn, muy bieennn, has obedecido, te quiero!", pronunciados con esfuerzo por los padres como un truco conductista más (¡esto sí es manipulación!) no engañarán el corazón de los desdichados.

Ma parece increíble que, en pleno siglo XXI, todavía siga ignorándose que la sana obediencia de los chavales sólo es posible desde la gratitud que experimentan cuando verdaderamente se les ama. Un niño sano no es dócil, ordenado, amable, etc. porque haya aprendido a base de miedo (consciente o inconsciente) al poder y el castigo de los adultos, o porque aspire -como un perro o una rata de laboratorio- a una recompensa, etc., sino porque se siente feliz y agradecido y, en consecuencia, acepta, respeta y colabora con los padres por amor a éstos. Por el contrario, un niño -como un adulto- sin amor o incluso maltratado, ¿qué razones o a cambio de qué tendría que ser sumiso y obediente? Todo esto es exactamente aplicable también a los adolescentes (contra los que también existen, por cierto, programas televisivos similares).

Lo peor de Supernanny es, a mi juicio, que desperdicia una oportunidad de oro para mostrar a la gente la importancia capital del amor, la conciencia y la salud mental en las familias, sin lo cual todo lo demás es maltrato (3). Se limita a repetir, disfrazados, los sermones educativos de toda la vida. Las pedagogías basadas en el control, la autoridad, los comportamientos (no los sentimientos), los deberes (no las motivaciones), los premios y castigos, la supremacía de los padres, la mera apariencia de todas las cosas. ¿Quizá el éxito internacional de este programa se debe precisamente a que justifica y confiere rango "científico" a los malos tratos que, en nombre de la educación, millones de telespectadores han sufrido y, por tanto, siguen trasmitiendo a sus hijos? (4)

___

1. En este sentido, no debe sorprendernos el "inexplicable" aumento del malestar psicológico en todas las edades. 

2. Por supuesto, los niños -como los adultos- manipulan a veces. Pero el arte consiste precisamente en distinguir las conductas realmente manipuladoras de las que sólo lo aparentan. Y, en cualquier caso, la manipulación misma es otro síntoma de dolor infantil. Un niño bien amado no necesita manipular. 

3. Entiendo por maltrato cualquier tipo y grado de frustración de las necesidades intrínsecas del niño (ver "¿Qué es un neurótico? El niño maltratado o el origen de la neurosis"). 

4.  Para las relaciones entre pedagogía y maltrato véase, p.ej., "Por tu propio bien", de Alice Miller. 
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Noviembre, 2006
Revisión: Abril, 2015

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