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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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El narcisismo

 

Mucha gente suele entender el narcisismo en su sentido más literal: "enamoramiento de uno mismo". Una persona narcisista sería, entonces, una persona vanidosa, engreída, egocéntrica, exhibicionista... Pero el narcisismo es mucho más que sus meras expresiones externas. Es un factor estructural de la personalidad, que todas las personas hemos desarrollado en mayor o menor grado. Y su magnitud depende directamente de la cantidad (y calidad) de amor, es decir, de vinculaciones afectivas capaces de darnos seguridad y valía que hayamos logrado disfrutar desde la infancia. Sobre todo en nuestros primeros años de vida.

La mayoría de seres humanos hemos sido criados por nuestras familias. Así, en la medida que fuimos amados saludablemente, de igual modo aprendimos a confiar, vincularnos, estimar, cuidar de otros. Pero, en la medida que no fue así, entonces desarrollamos miedos, evitaciones del contacto con los demás, replegamientos defensivos en nosotros mismos. Aprendimos a refugiarnos con dolor y rabia en nuestro caparazón, u ombligo, o espejo, pareciendo así, desde afuera, que nos "enamorarnos" de éstos. Pero nada más lejos de la realidad. Las personas más narcisistas, que nunca aprendieron a amar,  tampoco logran amarse a sí mismas. Sólo adquirieron el hábito de relacionarse con el mundo no desde una confiada interacción con él, sino desde un frío, temeroso y distante afán de controlarlo todo, para aliviar sus terribles inseguridades y sacar el mayor provecho posible. Intentan llenar su terrible vacío con una sensación de poder. Cuanto mayores son estas actitudes, más "narcisista" decimos que es un sujeto. El narcisismo representa, así, el total fracaso en la crianza de los seres humanos.

Las formas y grados narcisistas son innumerables. Por ejemplo, forma parte de las personalidades más o menos egocéntricas, vanidosas, dominantes, explotadoras, manipuladoras, exhibicionistas, ambiciosas, etc. Subyace en casi todos los estados neuróticos, siendo uno de los motivos de la enorme resistencia a crecer de los seres humanos. Y, en sus formas extremas, lo hallamos en las personalidades psicóticas, donde el individuo se aísla tanto de la realidad que apenas logra valerse por sí mismo; y en las psicopáticas, donde el sujeto es claramente un peligro social. En general, podemos decir que, cuanto más narcisistas somos, tanto más egocéntricos, rígidos y dominantes nos volvemos. Y no es para menos, ya que la fuente de todo narcisismo es la fijación de la desesperación infantil inconsciente. 

Como el narcisismo individual está muy mal visto (lo llamamos impropiamente "egoísmo"), la mayoría de personas, sobre todo las más narcisistas, se niegan tenazmente a reconocerlo. En cambio, el narcisismo social, aunque renombrado de otros modos, goza de gran prestigio y lo explotamos con entusiasmo. He aquí, por ejemplo, algunas formas típicas de narcisismo social:

  • individualismo
  • consumismo
  • victimismos
  • dogmatismos y fanatismos
  • autoritarismo
  • codicia
  • sexismo
  • feminidad, masculinidad
  • modas
  • arte comercial y espectáculos
  • ideologías...

En psicoterapia, el narcisismo es un serio obstáculo porque impide la maduración. El narcisista, que se niega a desprenderse de su caparazón defensivo, puede incluso atacar al terapeuta, intentar dominarlo o abandonar la terapia. Y lo mismo hará con cualquier persona que se atreva a cuestionar sus excesos egocéntricos. El narcisista, que necesita a toda costa negar su secreta debilidad, es capaz de los mayores autoengaños.

En términos morales y espirituales, solemos llamar "Ego" al narcisismo. (Hay que diferenciarlo del legítimo ego o yo desde el punto de vista de la Psicodinámica). Por eso, tradicionalmente se ha intentado combatir al Ego para favorecer el Amor. Pero el amor no es algo que podamos predicar o fingir mediante conductas determinadas. Las genuinas actitudes amorosas sólo pueden adquirirse en la infancia a través de crianzas y valores sinceramente amorosos. No hay otra forma. Sólo podemos aprender a amar a través de personas que nos amen de verdad; cuanto más precozmente, mejor. De lo contrario, será muy difícil, al menos sin esfuerzos terapéuticos en tal sentido. De ahí la necesidad crucial de más maduración psicoafectiva en las personas que tratan con niños o que desean tener hijos.
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Abril, 2014
Octubre, 2016

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