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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor
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Psicoterapia y espiritualidad

 

Mi crítica reciente a una frase de Alejandro Jodorowsky ha generado cierta polémica en Facebook. Tal frase dice así:

"El azar no existe. Antes de nacer elegiste a tus padres, ellos son la lección que te convenía para lograr desarrollar tu alma". (fuente) 

Aunque ya expuse allí mis objeciones, quiero retomarlas y profundizarlas aquí, pues la cuestión me parece extremadamente importante. Incluso dramática. Porque evidencia, en mi opinión, la terrible confusión que existe hoy entre lo que consideramos psicoterapias y espiritualidades, sobre todo en lo relativo a sus aplicaciones terapéuticas. Veámoslo.


1. Definiendo conceptos

Hay muchas clases de terapias y muchos tipos de espiritualidades. Yo definiré aquí las únicas en las que confío:

Psicoterapia. Es fundamentalmente una herramienta para ayudar a las personas a liberarse del sufrimiento neurótico. Entendemos por neurosis todos aquellos problemas psicoconductuales que son incontrolables, insoportables, incomprensibles y muy duraderos, porque están causados por fuerzas y conflictos inconscientes derivados de maltratos infantiles. La psicoterapia es, así, el arte de ayudar al sujeto a concienciar lo inconsciente. No se trata de enseñar, cambiar o modelar a la persona, pues esto sería educación. No busca presionarla y someterla a la sociedad, pues esto sería política. No le ofrece metafísicas ni supersticiones, pues esto sería religión. Etcétera. Lo único que la psicoterapia ofrece al sujeto es la posibilidad de conocerse mejor a sí mismo, gracias a lo cual podrá aliviar muchos de sus trastornos neuróticos.

Espiritualidad. Es un fenómeno mucho más amplio y complejo. Yo entiendo por espiritualidad el arte de vivir en armonía con el mundo. Para ello son precisas un conjunto de cualidades (sensibilidad, lucidez, empatía, naturalidad, inmersión en el presente, etc.) que, a su vez, sólo son posibles tras una adecuada maduración psicoafectiva. La espiritualidad comienza más allá de la neurosis y es principalmente una vivencia íntima de comunión amorosa con la Vida.

Falsas espiritualidades. Son creencias de tipo mágico, sobrenatural, metafísico, etc., con sus rituales asociados. Su función esencial es ahuyentar el miedo y/o controlar la vida, es decir, defendernos de todo aquello que nos asusta o no podemos comprender: el dolor, el mal, la incertidumbre, la muerte... A diferencia de la verdadera espiritualidad, que nace de la maduración personal y la aceptación amorosa de la realidad, las falsas espiritualidades nacen de las neurosis -e incluso de las psicosis- del ser humano. Por ello son, desgraciadamente, las más extendidas en el mundo.
 

2. Las complejidades del asunto

El famoso autor Ken Wilber exploró brillantemente las relaciones entre psicología y espiritualidad desde el punto de vista de la "evolución de la conciencia" (1). La conciencia establece, como sabemos, una "frontera" entre lo que sentimos que somos y lo que suponemos que no somos. Esta frontera es "deslizante", pues siempre podemos añadir al territorio de nuestro yo o  identidad nuevos contenidos que antes considerábamos ajenos a nosotros mismos. Wilber estableció, así, cuatro niveles distintos donde tales "ampliaciones" de identidad son posibles. Muy resumidamente, son los siguientes: 

1. Nivel Persona/Sombra. Aquí hay una separación entre nuestro yo individual consciente ("persona") y nuestra parte individual inconsciente ("sombra"). Todos los conflictos neuróticos suceden en este nivel. Por tanto, sólo podemos aliviar éstos en la medida que ampliamos nuestro yo consciente, es decir, que descubrimos e incorporamos a aquél sucesivos elementos de nuestra sombra.

2. Nivel Ego/Cuerpo. En este nivel, todos aquellos aspectos psíquicos ya integrados de nuestra identidad ("ego") aún se sienten separados de nuestro cuerpo, al que percibimos como algo "ajeno" a nosotros. Esto produce muchos problemas psicofísicos que sólo podremos mejorar, como en el caso anterior, concienciando nuestro cuerpo y añadiéndolo a nuestra identidad.

3. Nivel Organismo/Medio. En este escalón, nuestro ser psicofísico unificado ("organismo") se siente todavía separado de nuestro entorno ("medio"), al que percibe como algo "externo" y hostil. Ello motivará muchos sufrimientos que sólo podremos aliviar, una vez más, si vamos incorporando dicho medio a nuestra identidad, es decir, sintiéndolo parte de nosotros mismos.

4.  Conciencia de Unidad. Aquí, tras ciertas etapas previas que Wilber llama "bandas transpersonales", nuestra experiencia de identidad se ha ampliado tanto que abarca el Universo entero. Ya no quedan fronteras que mover, ni  nada frente a lo que nos sintamos ajenos. Somos la Totalidad. Es el nivel místico de la conciencia.

La importancia práctica de esta cartografía reside en el hecho de que los problemas y patologías de cada nivel sólo pueden abordarse con las técnicas apropiadas para ese nivel. Por ejemplo, una neurosis obsesiva, típica del nivel 1, sólo podrá aliviarse con terapias del nivel 1 (p. ej., conductismos, psicodinámicas...). Los bloqueos psicofísicos del nivel 2 sólo podrán mejorar con técnicas del nivel 2 (p. ej., Bioenergética, Gestalt...). Los conflictos del nivel 3 (estrés, problemas existenciales...) requerirán soluciones  específicas para ese nivel (meditación, técnicas transpersonales...). (2) Etc. Esto significa que, diferencia de lo que creen y hacen muchas personas, no se pueden solucionar problemas neuróticos con meditación, budismo, etc., del mismo modo que tampoco se puede alcanzar la serenidad y el amor con sólo psicoanálisis, etc.   

La confusión entre los distintos tipos de "fronteras" de la conciencia y sus respectivos trastornos y soluciones forma parte, en realidad, de un error aún mayor, que Wilber llamó falacia pre/trans (3). Este enredo es crucial. La falacia pre/trans consiste básicamente en la obviedad de que no es lo mismo subir y bajar una montaña (cansados, sudorosos, etc.), que sentirnos cansados y sudorosos sin haber subido nunca la montaña. Por ejemplo, aunque algunas experiencias espirituales muestran signos (p. ej., ciertas percepciones, estados psicofísicos, etc.) que parecen neuróticos sin serlo, también hay muchos síntomas neuróticos -e incluso psicóticos- que parecen espirituales sin serlo en absoluto. Y es aquí donde surge otro problema: ¿cómo diferenciaremos a los verdaderos maestros/terapeutas de los impostores trastornados?
 

3. Babilonia

Como todos sabemos, en las últimas décadas se ha producido en Occidente una exorbitante explosión de toda clase de terapias y "espiritualidades" de consumo (Autoayuda, Orientalismos, Esoterismos, New Age, Excelencia Personal...), orientadas todas a la "felicidad rápida y fácil" de las personas. Toda clase de gurús y terapeutas surgen por doquier pese a lo enormemente difícil y minoritario que es el verdadero crecimiento personal. Esta masificación sólo es explicable, a mi juicio, por la absoluta ignorancia de las prevenciones señaladas por Ken Wilber. Así, la gente desconoce o confunde los niveles de conciencia. Pretenden curar males de un nivel con técnicas de otro. Ofrecen niveles superiores sin madurar mínimamente los inferiores. Prometen logros que ni los propios guías han alcanzado... Etcétera. Todo vale en esta gran Babilonia de los remedios curalotodo. Lo que no significa, por supuesto, que no existan también algunos grandes maestros, realmente madurados y sabios.

El drama de todo esto consiste en que toda técnica que ignora y se superpone sobre un un nivel inferior no resuelto, se convierte automáticamente en tapadera represora de dicho nivel. Por ejemplo, si tienes problemas graves con tu madre y pretendes solucionarlos con meditación, lo único que conseguirás será enmascarar tu desdicha y/o agravar tus síntomas. Esto engañará y prolongará innecesariamente los sufrimientos de muchas personas, o impedirá el acceso a la sanación de muchas otras.


4. Conclusiones

Hemos visto que las psicoterapias están exclusivamente diseñadas para aliviar el dolor neurótico, es decir, para ayudarnos a reconciliarnos con nuestro inconsciente personal y nuestro cuerpo. Las técnicas espirituales, en cambio, enseñan a las personas ya maduradas el arte de ampliar aún más la conciencia y vivir profunda, armónica y amorosamente. No nos conviene, pues, equivocarnos de caminos ni tomar extraños atajos. Cualquier persona que desee curar sus sufrimientos sin fraudes ni pérdidas de tiempo debería responderse antes las siguientes preguntas:

1. ¿A qué nivel de conciencia pertenece mi problema?
2. La terapia que realizo, ¿corresponde debidamente a ese mismo nivel?
3. Mi terapeuta ¿conoce por experiencia el nivel donde yo estoy?

En suma, y volviendo a la frase inicial de Jodorowsky, es evidente que cualquiera que sea su interpretación genuina o falsamente espiritual, a mucha gente le resultará en extremo engañosa. Nadie que haya sufrido, por ejemplo, brutales violencias o abusos sexuales por parte de sus padres podrá entender que "los eligió para aprender" algo, etc. Esta clase de "sabidurías" parecen más bien burlas crueles, similares a las de todos los funcionarios del Cuarto Mandamiento. Su mensaje subyacente es: "no te quejes ni acuses a tus padres, sino carga tú solo con tus secuelas". Esto me parece, como supongo que a muchos terapeutas que trabajamos a diario con los duros tormentos de la gente en el Nivel 1, totalmente inaceptable. No se puede mezclar a Alice Miller con Buda o la New Age. No es decente abandonar a los que sufren a su "propia responsabilidad", mientras absolvemos en silencio a toda clase de perpetradores -los verdaderos autores de la locura humana-, que siguen invariablemente idolatrados e impunes. No es amoroso. No es justo. No es terapéutico. No es preventivo. No es sabio. Cuando la psicoterapia y la espiritualidad se ponen del lado de los abusadores, todo se convierte en un gigantesco Fraude.

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1. "La conciencia sin fronteras", 1978. 

2. Dice Wilber en la obra citada [texto adaptado]: "En las terapias del nivel del ego se estimula al individuo para que dé rienda suelta a sus pensamientos y explore su pasado. En las del nivel del organismo, se le impide que lo haga y se le anima más bien a que suspenda el "parloteo mental" y centre la atención en el aquí y ahora. Y es que en cada caso opera un tipo diferente de resistencia, y para manejar éstas se han elaborado técnicas diferentes, cada una de las cuales es válida y adecuada en su propio nivel".  

3. La falacia pre/trans es la extendidísima confusión entre los fenómenos psíquicos que Wilber llama "pre-racionales" (es decir, emocionales, infantiles, neuróticos) y los "trans-racionales" (que incluyen y sobrepasan la razón, genuinamente espirituales), aunque ambos se parezcan a veces superficialmente (citas). Una consecuencia de este error es lo que Robert Masters llama "bypass espiritual", desde el que mucha gente pretende curar sus males con "espiritualidades". 
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Mayo/2014
Revisión: Junio/2016

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