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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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El miedo y las resistencias

 

Las formas del miedo son innumerables. Una de ellas, determinante en el éxito o fracaso de las psicoterapias, es lo que en psicodinámica llamamos resistencias. Es decir, los modos más o menos inconscientes con que rechazamos las verdades dolorosas de nosotros mismos. ¡Nos defendemos de ellas con uñas y dientes! Y así nos va.

Las máscaras de nuestras resistencias son innumerables. Recurrimos a toda clase de trucos -excusas, mentiras, racionalizaciones...-  para seguir ciegos a nosotros mismos. Desde mi experiencia profesional, he aquí algunas de ellas:

1. Yo no tengo problemas.
Es la defensa más peligrosa de todas: la negación de la realidad. Los síntomas más terribles de la neurosis suelen provenir de ella. Lógico: si la negación del problema es máxima, el "rebote" del síntoma también es máximo.

2. Yo no le cuento mis problemas a nadie.
Aquí el sujeto ya reconoce que le pasa algo. Pero no quiere expresarlo ni compartirlo, sino "guardárselo" para él, con gran esfuerzo autorrepresivo. De modo que los síntomas continúan.

3. Yo me expreso y desahogo a mi manera.
Por ejemplo, a través de un arte, deporte, vida social... Pero generalmente lo expresado sólo es un eco muy indirecto, muy disfrazado, de la verdad interior. Es decir, son variantes del miedo, de la represión. No es suficiente para aliviar la fuente de la neurosis.

4. Ya me alivio a mi modo.
Mediante adicciones, consumismo, escapismos... Pero la anestesia no es terapia, y por eso el dolor siempre vuelve.

5. Hago "terapia" por mi cuenta (con libros de autoayuda, artículos de psicología, cursillos variados... )
Esto es tan frecuente como inútil. Es como querer aprender danza a ciegas, sin espejos ni profesor. Con mucha suerte, los libros sólo ayudarán a enmascarar los síntomas del sujeto, a deformarlos, a dificultar su posterior descubrimiento y curación. 

6. He decidido hacer terapia, pero no tengo dinero.
Casi nunca es verdad. Todos gastamos la mayor parte de nuestro dinero, ya tengamos poco o mucho, en escapar de nuestros problemas, no en afrontarlos.

7. Quiero terapia gratis, que otros paguen mi terapia...
Pretender una terapia sin esfuerzo personal y/o a costa de terceros es, en sí mismo, contradictorio. No es posible crecer dependiendo de otros, como no es posible caminar sentados.

8. Mi terapeuta me encanta, pero hoy no iré porque llueve, hay fútbol, estoy cansado, estoy deprimido, no me apetece, olvidé la fecha, me quedé dormido, me quedé sin dinero, no tengo nada que decirle... 
¡Resistencias en estado puro!

9. Mi terapeuta me encanta, pero también hago terapias paralelas, ayer fui a una tarotista...
El paciente no confía en su terapeuta, o no se vincula, o no se compromete con la terapia. Hace trampa, huye y busca atajos. Aún cree que puede madurar sin afrontar sus sentimientos.

10. Mi terapeuta me encanta, pero siempre llego tarde, no hago mis ejercicios, no me atrevo a contarle ciertas cosas, me quedo mudo, hablo sin cesar de asuntos sin importancia...
Este cliente se esfuerza de verdad, pero aplaza cuanto puede su "salto a la piscina"... o escapa de ella cuanto antes.

11. Voy perdiendo el miedo a mí mismo. Ya puedo hablar, pese al dolor, de ciertas cosas desagradables de mi vida, y hacerlo me alivia y me hace verlo todo distinto. El terapeuta me señala cosas obvias que jamás había visto antes pese a todas mis lecturas y reflexiones. He tenido "flashes" decisivos. En las últimas semanas, sin proponérmelo, noto ciertas transformaciones sorprendentes.
Aquí las resistencias se han reducido al mínimo y la psicoterapia avanza con eficacia.

***

En suma, lo peor del miedo no es el miedo mismo. ¡Es no saber que se tiene! Y esto son precisamente las resistencias.
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Abril/2011
© Se admite la reproducción de este artículo, citando al autor y la URL correspondiente.

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