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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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El último tabú: la Madre

 

Tener un piano no te convierte en pianista.
A. N.

En los últimos siglos, con el progreso de las libertades, etc., hemos aprendido a desconfiar -e incluso renegar- de Dios, de la Patria, del Rey. Hemos cambiado las supersticiones por el pensamiento científico. Las tiranías por las democracias. Los dogmatismos por internet... Hemos derribado innumerables mitos. Pero absolutamente nadie, o casi nadie, se ha atrevido aún a cuestionar uno de los tótemes y tabúes fundamentales de todos los tiempos: la Madre. Esa institución que, procedente del fondo de los siglos, sobrevive hoy en nuestros tópicos socioculturales, nuestra moral, nuestras religiones, nuestros medios de comunicación, nuestras neurosis individuales y, por supuesto -¡ay!- nuestras doctrinas psicoterapéuticas. Un mito, en fin, la Madre, generador, como veremos, de graves consecuencias.

¿Qué es  una madre? Podríamos definirla de muchas maneras: biológica, histórica, sociocultural, legal, simbólicamente... Pero, desde mi experiencia como terapeuta psicodinámico de adultos y lo mismo que tener un piano no convierte a nadie en pianista, tampoco una mujer que cuida de un niño (propio o adoptado) es necesariamente una "madre". Lo maternal es un tipo muy concreto de función psicoafectiva, de vínculo amoroso, de experiencia, incluso de arte. En mi opinión, sólo cuando la relación mujer-niño es consciente y, sobre todo, inconscientemente amorosa de verdad, es decir, capaz de favorecer el crecimiento psicofísico de ambos, merece el título de maternal.  Si, por el contrario, dicho vínculo amoroso no existe o es muy defectuoso -dañino, neurótico para cualquiera de las dos partes o para ambas-, personalmente no lo considero "maternal". A menos que decidamos degradar tan bello concepto aplicándolo a cualquier cosa (1).

Pero nuestra sociedad no opina así. Lo mismo que llama "amor" al mero enamoramiento, etc., también considera "mamá" a cualquier mujer a cargo de un niño. Esto surge del mito antropológico, religioso e histórico-político de la Madre, con todas sus fantasías asociadas ("amor de madre", "instinto maternal", "lazos de sangre", "todas las madres quieren a sus hijos", el "día de la madre", etc.). Nace también de la profunda necesidad de la mujer de autoafirmarse como hembra y como poder reproductivo. Y se origina, más allá de todo esto, en la hondísima dependencia psicológica de millones de hombres y mujeres de sus madres respectivas, de las que la mayoría de ellos/ellas jamás lograrán emanciparse. La neurosis universal, definida como inmadurez psicoafectiva de los individuos, consiste precisamente en eso. De esta trama global resultará, pues, la tenaz superstición de que "Mujer=Madre=Amor", contra todas las evidencias psicológicas que sugieren, más bien, que la locura de millones de personas comienza precisamente con las malas crianzas. Es decir, con millones de mujeres con hijos (o cuidadoras equivalentes) sin función maternal.

El "fraude" histórico de la maternidad es tan doloroso e insoportable que siempre se ha ocultado a toda costa, es decir, se ha convertido en tabú. Y sigue siéndolo hoy, en los tiempos supertecnológicos de internet, las redes sociales, etc. Hasta el punto de que, en asuntos de crianza y tal como afirma la psicoterapeuta Olga Pujadas:

"A papá y a mamá hay que quererlos mucho-mucho te hagan lo que te hagan... y durante toda la vida. (...) [Pero no se puede hablar de esto] ni con colegas de profesión, que (...), aun recomendando los libros de Alice Miller, ¡machacan al paciente cuando se atreven a despotricar de los padres! (...) Internet en general y Facebook en particular es una formación reactiva monumental, y cuando acabas de oír las historias dolorosísimas de tus pacientes, la verdad es que [toda esta hipocresía] produce bastante rechazo". (Fuente)

La principal consecuencia de este mito y culto a la Madre es que todas las emociones "no autorizadas" (p.ej., odio, apego excesivo, miedo, rechazo...) contra cualquier mujer cuidadora  serán brutalmente castradas en millones de niños y niñas. La cuidadora es intocable. Ahora bien, como todo lo reprimido regresa en forma de secuelas neuróticas y sociales, ahí tenemos el inicio, en lo psicológico, de innumerables círculos viciosos de sufrimiento en millones de personas. Con el drama añadido de que la mayoría de psicoterapias, las únicas que podrían desenmascarar este problema, tampoco lo hacen. ¿Por qué? Obviamente, porque forman parte de la misma trama de tópicos y control social que originaron los conflictos.

El tabú de la Madre es extremadamente fácil de derribar por cualquier persona suficientemente atrevida. Cualquiera que, en efecto, ose abrir los ojos, indagar, formular preguntas incómodas en busca de respuestas sinceras, descubrirá inmediatamente el fraude de millones de familias. Y, con un poco de experiencia, llegará muy pronto a la conclusión de que el tabú de la Madre es profundamente incompatible con la salud mental y la felicidad. Por muchas razones:

  • La Madre-Tabú, siendo incuestionable, deviene necesariamente Madre-Diablo (nociva, castradora, intimidante), formando parte, así, de un sistema civilizador basado en la violencia.
  • La Madre-Tabú, disfrazada de amorosa, sólo puede producir en sus hijos confusión, sumisión, sentimientos contradictorios, culpa, hipocresía. Los primeros fundamentos de toda neurosis. (Los segundos son el padre y la educación).
  • El tótem de la Madre, nacido para proteger a las mujeres (y a la sociedad) de sus propios hijos, contribuye paradójicamente a destruirlas también a ellas mismas, pues, obligándolas a parecer buenas madres, niega sus propias heridas y desdichas (p. ej., su corazón roto por sus madres respectivas, sus injustas o  extenuantes circunstancias pasadas o actuales, etc.).
  • Cuanto más exagerado es el culto a la Madre, más profundas y devastadoras pueden ser las patologías resultantes en los hijos. Tal es el caso, p. ej., de algunas formas de psicosis, delincuencia, violencia, trastornos de personalidad...
  • Etc.

Por supuesto, todo cuanto señalamos aquí sobre la Madre es igualmente aplicable al mito del Padre y la Familia en general. Aunque la madre, sea buena o mala, siempre es su cimiento psicoafectivo.

Creo, en suma, que el tótem y el tabú de la Madre (innata, perfecta, impune y, para algunos, incluso "divina") es, en lo fundamental, una idealización, una formación reactiva destinada a ocultar una verdad que, como suele suceder, es total y horriblemente contraria. La de que infinitas personas durante generaciones en todas las épocas y latitudes jamás han conocido el amor materno. Si dicho amor hubiese efectivamente existido, jamás hubiera sido necesario inventar el cristianismo y otras doctrinas y políticas destinadas a predicar el amor y contener la violencia. Jamás habría existido la locura, ni los poseídos por "demonios", ni los chamanes y exorcistas, ni los curas, ni los psiquiatras y psicólogos, ni los libros de autoayuda, etc. Tampoco habrían existido sectas, fanatismos, chivos expiatorios, malos tratos, violaciones, incestos, alcoholismos, envidias, ambiciones, suicidios, violencias de toda índole... Etcétera. Por supuesto que alguna parte de todo esto -pero sólo una parte- es causada también o agravada por toda clase de injusticias y violencias sociopolíticas, etc. Pero, dado que todas las variantes de la locura son tan propias de ricos como de pobres, el único factor común que nos queda es el más invisible y sobrevalorado de todos: la Madre. Esa totémica "Mano que Mece la Cuna" sin cuya definitiva desmitificación jamás erradicaremos, a mi entender, las bases psicoafectivas de la desdicha humana.

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1. Como expuso Erich Fromm, si tú no me dejas crecer y sentirme seguro a tu lado (ya seas mi madre, padre, amigo, pareja, etc.), entonces, cualesquiera que sean las otras ventajas de nuestra relación, ésta no es realmente amorosa. Porque no son las intenciones, sino los resultados los que definen el amor. 

Lecturas recomendadas:
- La evolución de la infancia
- El mito de engendrar
- La responsabilidad materna

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Mayo/2014
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